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“No andes difundiendo calumnias entre tu pueblo, ni expongas la vida de tu prójimo con falsos testimonios. Yo soy el Señor.” Levítico 19:16

martedì 18 agosto 2009

mas sobre el cristianismo Primitivo

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Manipulación de las Escrituras

"Esta es su teoría, que ni los profetas anunciaron, ni el Señor enseñó, ni los Apóstoles transmitieron. Y, sin embargo, ellos se glorían de haber recibido de estas cosas un conocimiento más elevado que todas las demás personas. Todo el tiempo citan textos que no se hallan en las Escrituras y, como se dice, fabrican lazos con arena. Y no les preocupa acomodar a sus doctrinas, de una manera confiable, sea las parábolas del Señor, sea los dichos de los profetas, sea la predicación de los Apóstoles. Lo único que tratan de hacer es que sus creaciones no parezcan carecer de pruebas (Cómo me hacen pensar en ciertos "movimientos" y "unciones" de hoy en día) Por eso enredan el orden y el texto de las Escrituras, y en cuanto pueden separan los miembros (del cuerpo) de la verdad. Transponen y transforman todo y, mezclando una cosa con otra, seducen a muchos mediante la fantasiosa composición que fabrican a partir de las palabras del Señor." (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro I, 8:1)

"Ve, mi hermano, los trucos de que se valen para enloquecerse a sí mismos, forzando las Escrituras para tratar de sostener con ellas sus propias creaciones. (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro I, 9:1)

"En consecuencia, la única fe no falseada y verdadera es la nuestra, pues halla toda su clara exposición en las Escrituras que fueron traducidas de la manera que hemos descrito (Está hablando de la Septuaginta), y que la Iglesia predica sin alterar nada. En efecto, los Apóstoles, siendo más antiguos que cualquiera de ellos, están de acuerdo con esta versión, y a su vez esta versión está de acuerdo con la Tradición apostólica. Pues Pedro, Juan, Mateo, Pablo y los demás, así como sus discípulos, predicaron con los textos contenidos en la traducción de los antiguos" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro III, 21:3)

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Herejes judaizantes. Cuánto convendría a tantos hacer más caso de lo que estos conocedores de los mismos apóstoles (como es el caso de Ignacio de Antioquia) o de los diáconos que vieron a los apóstoles nos dicen sobre este tema tan de actualidad, y más cuando se está jugando uno su salvación eterna. No se discute el hecho de que un judío viva como judío su cristianismo, pero si el hecho de que un gentil, por una clara falta de identificación con Jesús, judaice.

"No os dejéis seducir por doctrinas extrañas ni por fábulas anticuadas que son sin provecho. Porque si incluso en el día de hoy vivimos según la manera del Judaísmo, confesamos que no hemos recibido la gracia; porque los profetas divinos vivían según Cristo Jesús" (Ignacio de Antioquia, Carta a los Magnesios 8)

"Es absurdo hablar de Jesucristo y al mismo tiempo practicar el Judaísmo. Porque el Cristianismo no creyó (se unió) en el Judaísmo, sino el Judaísmo en el Cristianismo, en el cual toda lengua que creyó fue reunida a Dios" (Ignacio de Antioquia, Carta a los Magnesios 10)

"Pero si alguno propone el Judaísmo entre vosotros no le escuchéis, porque es mejor escuchar el Cristianismo de uno que es circuncidado (de un judío creyente en Jesús, como era el caso) que escuchar el Judaísmo de uno que es incircunciso (de un gentil judaizante). Pero si tanto el uno como el otro no os hablan de Jesucristo, yo los tengo como lápidas de cementerio y tumbas de muertos, en las cuales están escritos sólo los nombres de los hombres" (Ignacio de Antioquia, Carta a los Filadelfianos 6)

"Los que se llaman Ebionitas confiesan que el mundo fue hecho por Dios, pero respecto al Señor enseñan los mismos mitos que Cerinto y Carpócrates. Usan sólo el Evangelio según Mateo, y rechazan al Apóstol Pablo pues lo llaman apóstata de la Ley. Exponen con minucia las profecías; y se circuncidan y perseveran en las costumbres según la Ley y en el modo de vivir judío, de modo que adoran a Jerusalén como si fuese la casa de Dios. (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro I, 26:2)

"Los Ebionitas usan sólo el Evangelio de Mateo, mas el mismo les prueba que ellos presumen de una falsa opinión acerca del Señor" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro III, 11:7)

"Luego los Apóstoles anunciaban a los gentiles al Hijo de Dios a quien ellos ignoraban, y su venida a quienes ya antes habían sido educados acerca de Dios. Pero no introducían a otro Dios. Pues si Pedro hubiese conocido a otro, libremente habría predicado a los gentiles: «Uno es el Dios de los judíos, y otro el de los cristianos»; y ellos, espantados por la visión del ángel, habrían creído todo cuanto se les dijese. Mas por las palabras de Pedro es evidente que conservó el mismo Dios que ellos habían conocido de antemano; pero dio testimonio ante ellos de Jesucristo Hijo de Dios, juez de vivos y muertos, en cuyo nombre mandó bautizarlos para el perdón de los pecados (Hech 10,42-43.48). Y no sólo esto, sino que además dio testimonio de que Jesús mismo es Hijo de Dios, ungido por el Espíritu Santo, y por eso se le llama Cristo. Es el mismo que nació de María, como lo supone el testimonio de Pedro" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro III, 12:7)

"Además, quienes dicen que era un simple hombre engendrado por José (Algunos Judaizantes -Ebionitas- negaban la Divinidad del Señor), perseverando en la servidumbre de la antigua desobediencia mueren, por no mezclarse con el Verbo de Dios Padre, ni participar de la libertad del Hijo, como él mismo dice: «Si el Hijo os libera, seréis libres en verdad» (Jn 8,36). Desconociendo al Emmanuel nacido de la Virgen (Is 7,14) se privan de su don, que es la vida eterna (Jn 4,10.14); no recibiendo al Verbo de la incorrupción, permanecen en la muerte carnal; y son deudores de la muerte, no recibiendo el antídoto de la vida. A ellos les dice el Verbo, exponiéndoles el don de su gracia: «Yo dije: todos sois dioses e hijos del Altísimo; pero como hombres moriréis» (Sal 82[81],6-7). Esto dijo a quienes no recibían el don de la filiación adoptiva, sino menospreciando la encarnación por la concepción pura del Verbo de Dios, privan al hombre de su elevación hacia Dios, y así desagradecen al Verbo de Dios hecho carne por ellos. Para eso se hizo el Verbo hombre, y el Hijo de Dios Hijo del Hombre, para que el hombre mezclándose con el Verbo y recibiendo la filiación adoptiva, se hiciese hijo de Dios. Porque no había otro modo como pudiéramos participar de la incorrupción y de la inmortalidad, a menos de unirnos a la incorrupción y a la inmortalidad. ¿Pero cómo podíamos unirnos a la incorrupción y a la inmortalidad, si primero la incorrupción y la inmortalidad no se hacía cuanto somos nosotros, «para que se absorbiese» lo corruptible en la incorrupción y «lo mortal» en la inmortalidad (1 Cor 15,53-54; 2 Cor 5,4) «para que recibiésemos la filiación adoptiva» (Gal. 4,5)?" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro III, 19:1)

"También (Dios) juzgará a los Ebionitas. ¿Cómo podrán salvarse si no es Dios aquel que llevó a cabo su salvación sobre la tierra? (puesto que negaban estos judaizantes la Divinidad del Señor) ¿Y cómo el ser humano se acercará a Dios, si Dios no se ha acercado al hombre?" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro IV, 33:4)

"También están locos los Ebionitas cuando rechazan la unión de Dios y del hombre, porque no lo reciben por la fe en su alma. Perseveran en el viejo fermento de su viejo origen, y no quieren comprender que el Espíritu Santo descendió sobre María, y el poder del Altísimo la cubrió. Por eso el que fue engendrado es santo e Hijo de Dios Altísimo, Padre de todas las cosas, el cual, llevando a cabo la encarnación, reveló un nuevo nacimiento. Pues así como por el viejo nacimiento heredamos la muerte, así por este nacimiento heredamos la vida" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías)

"Por lo tanto la Iglesia engendra un gran número de frutos, es decir, de salvados, porque ya no es un intercesor -Moisés- ni un mensajero -Elías- quienes nos salvan sino el Señor en persona, que da más hijos a la Iglesia que a la Sinagoga del pasado, como predijo Isaías con estos términos: Regocíjate, estéril, que no dabas a luz -y estéril es la Iglesia que antes no había dado hijo alguno a Dios- grita y dama, tú que no has tenido los dolores porque los hijos de la abandonada son más numerosos que los hijos de la que tenía marido (Is 54,1; Ga 4,27). Y la antigua Sinagoga tenía por marido la Ley" (Ireneo de Lión, Demostración de la Predicación Apostólica, 94)

"Ahora bien, dado que por esta llamada se nos ha dado la vida y Dios ha restaurado en nosotros la fe de Abrahán en Él, no debemos volver atrás, es decir, a la antigua Ley. Porque hemos acogido al Señor de la ley, el Hijo de Dios, y por medio de la fe en Él aprendemos a amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a nosotros mismos. Pues el amor a Dios excluye todo pecado y el amor al prójimo no causa mal a nadie" (Ireneo de Lión, Demostración de la Predicación Apostólica, 95)

"Por lo tanto no necesitamos de la ley como pedagogo; he aquí que nosotros hablamos con el Padre y estamos en su presencia convertidos en niños sin malicia y afincados en la justicia y honestidad. La Ley, en efecto, no afirmará más: no cometer adulterio a aquel que ni siquiera ha deseado la mujer de otro; o no matar a aquel que ha erradicado de sí la ira y la enemistad; o no desear el campo de tu vecino, su buey o su asno a los que no tienen ambición por las cosas terrenas sino que acopian provisiones para el cielo; ni siquiera ojo por ojo, diente por diente a quien no tiene enemigos y a todos trata como prójimo y por eso no levanta la mano para vengarse; no exigirá los diezmos de quien ha consagrado a Dios todos sus bienes y ha dejado padre, madre y toda su familia para seguir al Verbo de Dios. Ya no mandará guardar un día de descanso al que todos los días observa el sábado, es decir, al que rinde culto a Dios en el templo de Dios que es el cuerpo del hombre y practica siempre la justicia" (Ireneo de Lión, Demostración de la Predicación Apostólica, 96)




Confesiones de fe paleocristianas Dignas de estudiarse y meditarse, las he encontrado releyendo por aquí y allá entre mis libros de autores cristianos primitivos. Es de notar que no se menciona la expresión Trinidad (que por lo mismo no menciono yo en mi credo en esta WEB, aunque es una enseñanza acorde con la Escritura), si bien se afirma la Divinidad de Cristo, ya que éste término teológico -Trinidad- se acuñaría algunos siglos más tarde.

"Sed sordos, pues, cuando alguno os hable aparte de Jesucristo, que era de la raza de David, que era el Hijo de María, que verdaderamente nació y comió y bebió y fue ciertamente perseguido bajo Poncio Pilato, fue verdaderamente crucificado y murió a la vista de los que hay en el cielo y los que hay en la tierra y los que hay debajo de la tierra; el cual, además, verdaderamente resucitó de los muertos, habiéndolo resucitado su Padre, el cual, de la misma manera nos levantará a nosotros los que hemos creído en El —su Padre, digo, nos resucitará—, en Cristo Jesús, aparte del cual no tenemos verdadera vida" (Ignacio de Antioquia, Carta a los Trallianos 9)

"La Iglesia, extendida por el orbe del universo hasta los confines de la tierra, recibió de los Apóstoles y de sus discípulos la fe en un solo Dios Padre Soberano universal «que hizo los cielos y la tierra y el mar y todo cuanto hay en ellos» (Ex 20,11; Sal 145,6; Hech 4,24; 14,15), y en un solo Jesucristo Hijo de Dios, encarnado por nuestra salvación (Jn 1,14), y en el Espíritu Santo, que por los profetas proclamó las Economías y el advenimiento, la generación por medio de la Virgen, la pasión y la resurrección de entre los muertos y la asunción a los cielos (Lc 9,51) del amado (Ef 1,6) Jesucristo nuestro Señor; y su advenimiento de los cielos en la gloria del Padre (Mt 16,27) para recapitular todas las cosas (Ef 1,10) y para resucitar toda carne del género humano; de modo que ante Jesucristo nuestro Señor y Dios y Salvador y rey, según el beneplácito (Ef 1,9) del Padre invisible (Col 1,15) «toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra y en los infiernos, y toda lengua lo confiese» (Fil 2,10-11). El juzgará a todos justamente (Rom 2,5), los «espíritus del mal» (Ef 6,12) y los ángeles que cayeron y a los hombres apóstatas, impíos, injustos y blasfemos, para enviarlos al fuego eterno (Mt 18,8; 25,41), y para dar como premio a los justos y santos (Tit 1,8) que observan sus mandatos (Jn 14, 15) y perseveran en su amor (Jn 15,10), unos desde el principio (Jn 15,27), otros desde el momento de su conversión, para la vida incorruptible, y rodearlos de la luz eterna (2 Tim 2,10; 1 Pe 5,10)." (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro I, 10:1)

"Por nuestra parte conservemos la Regla de la Verdad, que se resume en lo siguiente: Hay un solo Dios Soberano universal que creó todas las cosas por medio de su Verbo, que ha organizado y hecho de la nada todas las cosas para que existan (2 Mac 7,28; Sab 1,14) (127), como dice la Escritura: «Por la Palabra del Señor se afirmaron los cielos y sus estrellas con el Espíritu de su boca» (Sal 33[32],6); y también: «Todo fue hecho por él, y sin él nada ha sido hecho» (Jn 1,3). Nada de lo que existe se exceptúa, sino que el Padre ha hecho todas las cosas por sí mismo, las visibles y las invisibles (Col 1,16), las sensibles y las inteligibles, las temporales en vista de una Economía y las sempiternas y eternas (2 Cor 4,18) (128). No las hizo por medio de Angeles o de Potestades separadas de su voluntad; pues el Dios de todas las cosas no necesita de ellos; sino que hizo todas las cosas por medio de su Verbo y de su Espíritu, las ordena, gobierna y da el ser a todas. El ha hecho el mundo, pues el mundo es parte del universo; él plasmó al hombre (Gén 2,7). Este mismo es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob (Mt 22,29; Ex 3,6), sobre el cual no hay ningún otro Dios, ni Principio, ni Potestad ni Pléroma. El mismo es el Padre de nuestro Señor Jesucristo (Ef 1,3), como adelante probaremos" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro I, 22:1)

"Todas las Escrituras, los profetas y el Evangelio, predican abiertamente y sin ambigüedades -a quienes puedan escuchar, aunque no todos crean-, que existe un solo y único Dios, el cual, excluyendo a cualquier otro Dios, por medio de su Verbo hizo todas las cosas, visibles e invisibles, del cielo y de la tierra, peces del mar y animales de la tierra, como hemos probado usando las mismas expresiones de las Escrituras. Toda la creación de la que formamos parte da testimonio, por medio de las cosas que extiende ante nuestros ojos, de que uno solo es el que las hizo y gobierna. Siendo así, se mostrarán necios quienes se ciegan ante una manifestación tan clara y se rehúsan a ver la luz de la predicación; sino que se encarcelan a sí mismos, de modo que mediante explicaciones tenebrosas de las parábolas, cada uno de ellos piensa haber encontrado a su propio Dios" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro II, 27:2)

"... los cuales con cuidado guardan la vieja Tradición, creyendo en un solo Dios Creador del cielo y de la tierra y de todo cuanto se encuentra en ellos (Ex 20,11; Sal 145,6; Hech 4,24; 14,15), y en Jesucristo su Hijo, el cual, movido por su eminentísimo amor por la obra que fabricó (Ef 3,19), se sometió a ser concebido de una virgen, uniendo en sí mismo al hombre y a Dios. Sufrió bajo Poncio Pilato, resucitó y fue recibido en la luz (1 Tim 3,16). De nuevo vendrá en la gloria (Mt 16,27; 24,30; 25,31) como Salvador de todos los que se salvan y como Juez de los que son juzgados, para enviar al fuego eterno (Mt 25,41) a quienes desfiguran su verdad y desprecian a su Padre y su venida" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro III, 4:2)






Los dones carismáticos. En este aspecto tan controvertido hoy en día, los primitivos cristianos tomaron una actitud muy prudente. Daban por sentado que para ser lleno del Espíritu Santo no era necesario hablar en Lenguas, ni que todos debiesen hablar en lenguas como dicen -erróneamente- algunos pentecostales (ni siquiera se planteaban este extremo). Por otro lado sus escritos desmienten la teoría de que los dones carismáticos desaparecieron con los apóstoles (aunque pocos siglos más adelante -hacia el III- no se vuelve a hablar de este tema en la cristiandad ni se vuelve a dar este fenómeno -salvo contadas ocasiones- hasta principios del siglo XX con el movimiento Pentecostal). Los escritos que dejo ahora hacen referencia y censuran a dos tipos de personas (asimilables a dos posturas radicales de hoy en día): Por un lado a los que usaban mal los dones, y por otro a los que desechándolos o tildándolos de manifestaciones demoníacas o cosas similares incurrían en pecado imperdonable (nótese que hablamos de dones genuinos, y no imitaciones de los mismos). Las cosas que se mencionan -como reuniones aparte de la iglesia donde "carismáticos carnales" se reúnen para profetizarse mutuamente según sus ideas calenturientas y otras similares- son más que de actualidad. Ahí queda este testimonio.


"...al profeta que hable en el Espíritu no lo probaréis ni lo discerniréis; porque todo pecado será perdonado, pero este pecado no será perdonado. No obstante, no todo el que habla en el Espíritu es un profeta, sino sólo el que tiene los caminos del Señor. Por sus caminos, pues, será reconocido el profeta falso y el profeta..." (La Didaké o Doctrina de los Apóstoles 11)

"...Y todo profeta que enseñe la verdad, si no hace lo que enseña, es un falso profeta..." (La Didaké o Doctrina de los Apóstoles 11)

"Parecería tener por cómplice a un demonio, por cuya obra causa la impresión de profetizar, y también hace profetizar a aquellas mujeres a quienes juzga dignas de participar de su Gracia. Porque sobre todo anda detrás de mujeres, sobre todo a las más nobles, mejor vestidas y ricas, a las cuales trata de seducir con discursos orgullosos como éste: «Quiero darte parte de mi Gracia, (...) He aquí que la Gracia ha descendido sobre ti: abre tu boca y profetiza». En seguida la mujer responde: «Nunca he profetizado ni sé profetizar». El entonces pronuncia nuevas invocaciones para llenar de admiración a la pobre engañada, diciéndole: «Abre tu boca y habla cualquier cosa, y profetizarás». Ella entonces, envanecida por lo que se le ha dicho, siente calentarse su alma con el sueño de que está por profetizar; su corazón se pone a palpitar fuertemente, se atreve a hablar cosas delirantes y cualquier cosa que le viene, sin sentido pero con osadía, pues siente arder en ella el espíritu. Alguien superior a nosotros ha dicho acerca de estas profetisas que el alma encendida de viento vano, se torna audaz e irreverente. Ella entonces se siente profetisa, agradece a Marcos (Marcos es un falso cristiano) porque le ha comunicado su Gracia; y en agradecimiento no sólo le da una pingüe parte de sus riquezas, de donde él amontona una buena cantidad de dinero; sino que también le entrega su cuerpo deseando estar unida íntimamente con él" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro I, 13:3)

"porque saben que los seres humanos no reciben de Marcos (Marcos es un falso cristiano) el don de la profecía, sino que Dios concede esta gracia desde lo alto a quienes él quiere; y quienes reciben de Dios este don, hablan donde y cuando Dios quiere, no cuando Marcos ordena. Aquel que manda es más grande y soberano que quien le está subordinado; pues lo primero es propio de quien tiene el gobierno, y lo segundo del que le está sujeto. Por eso, si Marco o algún otro da órdenes (como esa gente suele hacerlo en sus fiestas, jugando a los videntes y mandándose unos a otros profetizar y anunciando unos a otros profecías que satisfagan sus caprichos), entonces ese tal, siendo sólo un hombre será el que manda, y así se sentirá mayor y soberano del Espíritu profético, lo que es imposible. Pero los espíritus a los que ellos ordenan hablar cuando ellos quieren, son frágiles y débiles, atrevidos e irreverentes, a los cuales Satanás envía para seducir y llevar a la perdición a aquellos que no tienen firme la fe, ni conservan la que desde el principio han recibido de la Iglesia. (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro I, 13:4)

"Por eso sus discípulos verdaderos en su nombre hacen tantas obras en favor de los seres humanos, según la gracia que de él han recibido. Unos real y verdaderamente expulsan a los demonios, de modo que los mismos librados de los malos espíritus aceptan la fe y entran en la Iglesia; otros conocen lo que ha de pasar, y reciben visiones y palabras proféticas; otros curan las enfermedades por la imposición de las manos y devuelven la salud; y, como arriba hemos dicho, algunos muertos han resucitado y vivido entre nosotros por varios años (...) Y no lo hacen para seducir a nadie ni para ganar dinero, pues, así como ella (la iglesia) lo ha recibido gratis de Dios, así también gratis lo distribuye (Mt 10,8). Y no lo hace por invocación de los ángeles, ni por medio de encantamientos, ni por otros poderes malvados u otro tipo de acciones mágicas; sino que de modo limpio, puro y abierto, elevando su oración al Dios que creó todas las cosas e invocando el nombre de nuestro Señor Jesucristo, hace todos estas obras maravillosas no para seducir a nadie sino para el bien de los seres humanos. Pues si hasta hoy el nombre de nuestro Señor Jesucristo hace tantos beneficios y cura de modo seguro y verdadero a todos los que creen en él" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro II, 32:4-5)

"Son en verdad infelices, pues al elegir ser pseudoprofetas, rechazan la gracia de la profecía en la Iglesia. Se parecen a aquellos que, para evitar mezclarse con los hipócritas que vienen a la Iglesia, se abstienen también de la comunión con los hermanos. Se da por supuesto que gente de esta calaña tampoco aceptan al apóstol Pablo; pues en la Carta a los Corintios escribió con precisión acerca de los carismas proféticos, y reconoció que hay en la Iglesia hombres y mujeres que profetizan (1 Cor 12,28ss y 14,1ss). Por este motivo, pecando contra el Espíritu de Dios, caen en un pecado sin perdón (Mt 12,31-32; Mc 3,29; Lc 12,10)" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro III, 11:9)

"También juzgará (Dios) a los pseudoprofetas, los cuales, no temiendo a Dios ni aceptando de Dios el don de la profecía, fingen profetizar, mintiendo contra Dios, o por vanagloria, o por interés de ganancias, o por influjo del mal espíritu" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro IV, 33:6)

"También nosotros hemos oído a muchos hermanos en la Iglesia, que tienen el don de la profecía, y que hablan en todas las lenguas por el Espíritu, haciendo público lo que está escondido en los hombres y manifestando los misterios de Dios, a quienes el Apóstol llama espirituales (1 Cor 2,15): éstos son espirituales, porque participan del Espíritu" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro V, 6:1)



Sobre el bautismo. Por supuesto que haciendo honor a lo que la palabra "bautizar" significa (lit. sumergir), los primitivos cristianos practicaban el bautismo por inmersión (como los actuales bautistas y otras denominaciones protestantes). No bautizaban infantes o niños sin uso de razón. Bautizaban personas que hubiesen creído en Jesús y que estaban dispuestas a seguirle con todas las consecuencias.

"Otros (Habla de herejes) piensan que no tiene sentido llevar al bautizando al agua. Prefieren mezclar aceite con agua, y pronunciando palabras semejantes a las que hemos dicho arriba, les mojan la cabeza para, según dicen, consagrarlos para la redención. (Reflexionen los católico-romanos sobre este texto)" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro I, 21:4)

"Con respecto al bautismo, os bautizaréis. Habiendo primero repetido todas estas cosas, os bautizaréis en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo en agua viva (corriente). Pero si no tienes agua corriente, entonces bautízate en otra agua; y si no puedes en agua fría, entonces hazlo en agua caliente. Pero si no tienes ni una ni otra, entonces derrama agua sobre la cabeza tres veces en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Pero, antes del bautismo, que el que bautiza y el que es bautizado ayunen, y todos los demás que puedan; y ordenarás a aquel que es bautizado que ayune un día o dos antes" (La Didaké o Doctrina de los Apóstoles, 7)

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La resurrección de la carne y el Juicio final Especial hincapié se hace por estos escritores paleocristianos, en la doctrina de la resurrección de la carne y por ello de vivir en santidad en el cuerpo (que hoy en día se predica muy poco) como esperanza del cristiano, frente a las herejías que afirmaban lo contrario. Se debería enseñar más sobre esta nuestra esperanza en las iglesias.

"Y que nadie entre vosotros diga que esta carne no va a ser juzgada ni se levanta otra vez. Entended esto: ¿En qué fuisteis salvados? ¿En qué recobrasteis la vista si no fue en esta carne? Por tanto hemos de guardar la carne como un templo de Dios; porque de la misma manera que fuisteis llamados en la carne, seréis llamados también en la carne. Si Cristo el Señor que nos salvó, siendo primero espíritu, luego se hizo carne, y en ella nos llamó, de la misma manera también nosotros recibiremos nuestra recompensa en esta carne" (Segunda de Clemente, Una Antigua Homilía, 9)

"Llenos de orgullo sin razón, os atrevéis a decir que conocéis los inefables misterios de Dios, cuando el mismo Señor, siendo Hijo de Dios, declaró no saber ni el día ni la hora del juicio, sino sólo Dios, cuando dijo: «Acerca de aquel día y hora nadie los conoce, ni el Hijo, sino sólo el Padre» (Mt 24,36). Por lo tanto, si el Hijo no tuvo empacho de atribuir sólo al Padre el conocimiento de aquel día, y habló con verdad, tampoco nosotros debemos avergonzarnos de reservar a Dios aquellas cuestiones que nos superan: en efecto, nadie está sobre su maestro (Mt 10,24)" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro II, 28:6)

"El Señor dijo claramente que el fuego está preparado para los transgresores, y lo enseña el resto de las Escrituras, así como también enseñan que Dios todo lo sabe de antemano, y por eso desde el principio preparó este fuego eterno para quienes habrían de hacerse transgresores. Pero ni la Escritura ni el Apóstol ni el Señor enseñaron el motivo preciso por el cual esos seres fueron transgresores. Por eso debemos dejar a la ciencia de Dios muchas de estas cuestiones, como el Señor le dejó el día y la hora (Mt 24,36). Correríamos el más grande peligro si a Dios nada le dejamos, aunque hemos recibido de él sólo en parte esta gracia, cuando investigamos las cosas que nos superan y que por ahora no nos es posible descubrir" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro II, 28:7)

"Y ésta es nuestra fe: que también a nuestros cuerpos mortales que observen la justicia Dios los resucitará y hará incorruptos e inmortales. Porque Dios es más poderoso que la naturaleza: está en sus manos el querer porque es bueno, el poder porque es poderoso, y el realizarlo porque es rico y perfecto" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro II, 29:2)

"De modo muy completo el Señor enseñó que no se conservan las almas pasando de cuerpo en cuerpo; sino también que ellas conservan la personalidad del cuerpo para el cual fueron hechas, y se acuerdan de las obras que acá realizaron o dejaron de realizar. Cuando relata lo que está escrito acerca del rico y de Lázaro que descansaba en el seno de Abraham (Lc 16,19-31), dice que el rico, después de la muerte, reconoció a Lázaro y a Abraham y recordó el puesto que cada uno de ellos había tenido, y le rogó que enviara en su auxilio a Lázaro, al que no había querido hacer participar de su mesa; y luego la respuesta de Abraham, que no sólo sabía lo que él era, sino también el rico; y que más les servía escuchar a Moisés y a los profetas que recibir el anuncio de algún resucitado de la muerte, a aquellos que no quisieran llegar a aquel lugar de castigo. Con estas palabras claramente enseñó que las almas siguen viviendo, no que pasan de cuerpo en cuerpo, y que retienen su personalidad humana a tal punto que pueden ser reconocidas y acordarse de lo que acá sucede" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro II, 34:1)

"Esto mismo dirá el Señor en el Evangelio a quienes encuentre a su izquierda: «Apartaos, malditos, al fuego eterno que mi Padre preparó para el diablo y sus ángeles» (Mt 25,41). Con esto quiso dar a entender que el fuego eterno no fue en un principio preparado para el ser humano, sino para aquel que lo sedujo y lo arrastró al pecado; es decir, para el «príncipe de la apostasía» (o sea de «la separación») y para los ángeles que apostataron junto con él. Y justamente también recibirán este castigo quienes, de modo semejante a ellos, perseveren en las obras del mal, sin conversión y arrepentimiento" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro III, 23:3)

"El Padre sobrepasa en sabiduría a toda sabiduría angélica y humana; porque es Señor, juez, justo y soberano sobre todas las cosas. Pero también es misericordioso, bueno y paciente para salvar a quienes conviene. No deja de ser bueno al ejercer la justicia, ni se disminuye su sabiduría. Salva a quienes debe salvar, y juzga con justo juicio a quienes son dignos. Ni se muestra inmisericorde al ser justo, porque lo previene y precede su bondad. El Dios benigno «hace salir su sol sobre todos y llueve sobre justos y pecadores» (Mt 5,45). Juzgará por igual a cuantos recibieron su bondad, mas no se comportaron de manera semejante según la dignidad del don recibido, sino que se entregaron a placeres y pasiones carnales en contra de su benevolencia, muchas veces hasta llegar a blasfemar contra aquel que los hizo objeto de tantos beneficios" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro III, 25:34)

"A este Hijo el Padre ha revelado para manifestarse a sí mismo por él, y para recibir en el eterno descanso a los justos que creen en él (pues creer en él significa hacer su voluntad); mas a aquellos que no creen y por eso huyen de la luz, justamente los recluirá en las tinieblas que ellos mismos han elegido para sí. Así pues, el Padre se ha revelado para todos, y para todos ha hecho visible a su Verbo: y al mismo tiempo el Verbo ha mostrado a todos al Padre y al Hijo, cuando se dejó ver de todos, y así es justo el juicio de Dios sobre todos los que igualmente lo han visto pero no han creído igualmente" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro IV, 6:5)

"Dios siempre ha protegido, por una parte la libertad y decisión del ser humano, y por otra su exhortación a él: por ello quienes no obedecen son justamente juzgados por su desobediencia, y quienes obedecen y creen reciben la corona incorruptible" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro IV, 15:2)

"Pues si alguno afirma que el templo de Dios, en el cual habita el Espíritu del Padre, y los miembros de Cristo no participan de la salvación, sino que están condenados a la perdición, ¿no dirá la más grande blasfemia? Y porque nuestros cuerpos no resucitan en virtud de su propia naturaleza, sino por la virtud de Dios, escribe a los Corintios: «El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo. Dios resucitó al Señor, y nos resucitará por su poder» (1 Cor 6,13-14)" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro V, 6:2)

"Y por eso, cuando al final de los siglos la Iglesia se levante, «habrá una tribulación como no la ha habido desde el principio ni la habrá» (Mt 24,21): pues en los últimos tiempos los justos deberán luchar, y los vencedores recibirán la incorrupción como corona" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro V, 29:1)

"Por ello es preciso explicar acerca de este asunto, que, a la aparición del Señor, los justos serán los primeros en recibir la herencia que Dios prometió a los padres, despertando en una condición renovada de su ser, y con él reinarán; el juicio universal vendrá en seguida" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro V, 32:1)

"Esto es lo que recuerdan haber oído de Juan, el discípulo de Jesús, los presbíteros que lo conocieron, acerca de cómo el Señor les había instruido sobre aquellos tiempos: «Llegarán días en los cuales cada viña tendrá diez mil cepas, cada cepa diez mil ramas, cada rama diez mil racimos, cada racimo diez mil uvas, y cada uva exprimida producirá 25 medidas de vino. Y cuando uno de los santos corte un racimo, otro racimo le gritará: ¡Yo soy mejor racimo, cómeme y bendice por mí al Señor! De igual modo un grano de trigo producirá diez mil espigas, cada espiga a su vez diez mil granos y cada grano cinco libras de harina pura. Lo mismo sucederá con cada fruto, hierba y semilla, guardando cada uno la misma proporción. Y todos los animales que coman los alimentos de esta tierra, se harán mansos y vivirán en paz entre sí, enteramente sujetos al hombre»" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro V, 33:3)

"El anciano Papias, que también escuchó al apóstol Juan como compañero de Policarpo, ofrece el testimonio siguiente en el cuarto de sus cinco libros, añadiendo: «Cuantos tienen fe aceptarán lo anterior. Y como Judas el traidor no creyese y le preguntase: ¿Cómo podrá el Señor producir tales frutos?, el Señor le respondió: Lo verán quienes irán a esa tierra»" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro V, 33:4)

"Todo esto se refiere sin duda a la resurrección de los justos, la cual acaecerá después de la venida del Anticristo (...) Aquellos a quienes el Señor, al venir de los cielos, encuentre esperándolo en la carne tras haber sufrido la Gran Tribulación y haber escapado de las manos del impío (El anticristo), son aquellos de los cuales dijo el profeta..." (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro V, 35:1)

"Como enseñan los Presbíteros (discípulos de los apóstoles a los que Ireneo conoció), quienes fueren dignos de morar en los cielos, entrarán en ellos; otros gozarán de las delicias del paraíso; otros poseerán el esplendor de la ciudad; pero en todas partes verán a Dios, según la medida en que fueren dignos de contemplarlo. Habrá una diferencia en la habitación de aquellos que hayan fructificado el ciento por uno, el sesenta o el treinta (Mt 13,8): unos serán llevados al cielo, otros se detendrán en el paraíso y los terceros habitarán la ciudad. Por eso dijo el Señor que en la casa de su Padre hay muchas moradas (Jn 14,2). Todo pertenece a Dios, quien prepara a cada cual su habitación adecuada, como dijo su Verbo, que el Padre las distribuye a todos según los méritos de cada uno. Este es el salón de fiesta en el cual tomarán su lugar y se regocijarán todos los invitados a las bodas (Mt 22,1-14). Los Presbíteros discípulos de los Apóstoles enseñan que este será el orden y providencia para los que se salvan, así como cuáles son los peldaños por los cuales se asciende: por el Espíritu subimos al Hijo y por éste al Padre, y el Hijo al final entregará su obra al Padre, como escribe el Apóstol: «El debe reinar, hasta que ponga a todos sus enemigos bajo sus pies. La muerte será el último enemigo vencido» (1 Cor 15,25-26). En efecto, cuando llegue el Reino, el justo, viviendo sobre la tierra, olvidará la muerte: «Habiendo dicho la Escritura que todo le está sujeto, exceptúa a aquel que todo le ha sometido. Cuando se le hayan sometido todas las cosas, también el Hijo se le someterá a aquel que le ha sometido todo, para que Dios sea todo en todas las cosas» (1 Cor 15,27-28)" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro V, 36:1-2)

"Los apóstoles, con la palabra de verdad, exhortaron a los gentiles a guardar su cuerpo sin mancilla en orden a la resurrección y su alma al abrigo de la corrupción" (Ireneo de Lión, Demostración de la Predicación Apostólica 41)






La Gran Tribulación, El Anticristo y la Segunda venida de Jesús. Como hemos dicho en otra parte de esta WEB, ni los primeros cristianos, ni después los grandes reformadores de la Iglesia de la Edad Media creyeron en un "Rapto" secreto de la iglesia y anterior a la Gran Tribulación. Los cristianos primitivos sabían por las enseñanzas del Nuevo testamento y de los diáconos que conocieron a los apóstoles que una de las señales de la Venida del Hijo del Hombre sería la persecución extrema de la iglesia por el Anticristo. Por eso estaban persuadidos de que la venida de Jesús era inminente, al soportar estar terribles persecuciones de las que ya hemos hablado en esta WEB en otra parte. Más que interesante lo que Ireneo de Lión dice sobre el anticristo.

"...porque en los últimos días se multiplicarán los falsos profetas y los corruptores, y las ovejas se volverán lobos, y el amor se cambiará en aborrecimiento. Porque cuando aumente la licencia y el libertinaje, se aborrecerán los unos a los otros y se perseguirán y se traicionarán. Y entonces el engañador del mundo aparecerá como hijo de Dios; y hará portentos y señales, y la tierra será entregada a sus manos; y hará cosas inmundas, que nunca se han visto en el mundo desde que empezó. Entonces toda la humanidad creada será probada por fuego y muchos serán escandalizados y perecerán; pero el que persista en su fe será salvo por el que ha sido hecho maldición. Y entonces aparecerán las señales de la verdad; primero la señal de un desgarro en el cielo, luego la señal de la voz de una trompeta, y tercero la resurrección de los muertos; con todo, no de todos, sino como fue dicho: El Señor vendrá y todos sus santos con El. Entonces el mundo verá al Señor que viene en las nubes del cielo" (La Didaké o Doctrina de los Apóstoles 15)

"Y dice también, hablando del Anticristo: «El enemigo que se exalta sobre todo aquello a lo que se le denomina dios o se le rinde culto» (2 Tes 2,4), para indicar a los llamados dioses por los ignorantes, o sea los ídolos. El Padre de todas las cosas es y se llama Dios. El Anticristo no puede exaltarse sobre él, sino sólo sobre los llamados dioses sin serlo" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro III, 6:5)

"También en la Segunda a los Tesalonicenses dice sobre el Anticristo: «Entonces se manifestará el Inicuo, al que el Señor Jesucristo matará con el aliento de su boca y destruirá con la presencia de su venida, cuyo advenimiento será por obra de Satanás, con toda suerte de poder, signos y portentos falsos» (2 Tes 2,8-9). He aquí el orden de las palabras de este pasaje: «Entonces se manifestará el Inicuo, cuyo advenimiento será por obra de Satanás, con toda suerte de poder, signos y portentos falsos, a quien el Señor Jesucristo matará con el aliento de su boca y destruirá con la venida de su presencia». Porque no es la venida del Señor la que será por obra de Satanás, sino el advenimiento del Inicuo, al que llamamos el Anticristo. Por lo tanto hay que poner atención a la lectura, y mediante las comas en la respiración dar sentido a lo que lee; si alguien no lo hace, no sólo dirá incongruencias, sino que leerá blasfemias, como si la venida del Señor fuese obra de Satanás" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro III, 7:2)

"Y también dice en la segunda Carta a los Tesalonicenses, acerca del Anticristo: «Por eso Dios les envió un Poder del engaño, para que crean en la mentira y se condenen todos aquellos que no creyeron en la verdad, sino que consintieron en la iniquidad» (2 Tes 2,11-12)" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro IV, 29:1)

"Y no sólo por lo que hemos dicho, sino también por lo que sucederá bajo el poder del Anticristo, se prueba que el diablo, siendo apóstata y ladrón, quiere ser adorado como Dios; y se quiere proclamar rey, siendo un siervo. Porque él, recibiendo todo el poder del diablo, vendrá no como rey justo o legítimo sujeto a Dios, sino como impío, injusto y sin ley, como apóstata, inicuo y homicida, como un ladrón que recapitulará en sí la apostasía del diablo. Derrocará a los ídolos para persuadirnos de que él mismo es Dios, poniéndose a sí mismo como el único ídolo, resumiendo en sí los distintos errores de los ídolos, a fin de que, aquellos que adoran al diablo mediante muchas maldades, lo sirvan a él en su único ídolo. De este es de quien afirma el Apóstol en su segunda Carta a los Tesalonicenses: «Primero ha de venir la rebelión y manifestarse el hombre de pecado, el hijo de la perdición, el enemigo que se exalta a sí mismo sobre todo lo que llamamos Dios y es objeto de culto, hasta sentarse en el templo de Dios, haciéndose pasar a sí mismo por Dios» (2 Tes 2,3-4). El Apóstol claramente desenmascara su apostasía y que se alzará contra todo lo divino y contra todo objeto de culto, es decir sobre todos los ídolos -pues no son dioses, aunque así los llamen los hombres-, y que él de manera tiránica se empeñará en mostrarse como Dios" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro V, 25:1)

"Más claramente aún Juan, discípulo del Señor, escribió en el Apocalipsis acerca de los últimos tiempos y de de los diez reyes que se dividirán el reino que ahora impera. Cuando explica el significado de los diez cuernos que Daniel vio, dice que esto le fue revelado: «Y los diez cuernos que viste son diez reyes a los que aún no se les ha dado el reino, sino que por una hora recibirán el poder junto con la bestia. Estos tienen una sola idea en su mente, la de entregar a la bestia la fuerza y el poder. Estos lucharán con el cordero, y éste los vencerá porque es el Señor de los señores y Rey de los reyes» (Ap 17,12-14). También se declara que aquel que viene matará a tres de ellos, los otros le quedarán sometidos, y el mismo será el octavo de ellos. Y devastarán Babilonia y la quemarán a fuego, le entregarán su reino a la bestia y perseguirán la Iglesia. Una vez acaecidas estas cosas, quedarán destruidos con la venida de nuestro Señor" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro V, 26:1)

"Por este motivo dice el Apóstol: «Como no acogieron el amor de Dios para salvarse, por eso Dios les envió un Poder del error, a fin de que sean juzgados cuantos no creyeron en la verdad, sino que se complacieron en la iniquidad» (2 Tes 2,10-12). Una vez que venga (el Anticristo) con sus planes recapitulará toda la apostasía en sí mismo, realizará todo lo que haga por su propia voluntad y arbitrio, sentado en el templo de Dios para que cuantos se dejen seducir por él lo adoren como a Cristo (2 Tes 2,4). Por eso justamente serán arrojados al estanque de fuego (Ap 19,20)" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro V, 28:2)

"Si lo anterior es verdad, si este número se halla en todos los manuscritos antiguos y autorizados, si dan testimonio de él todos aquellos que vieron a Juan cara a cara, y si la razón nos enseña que la cifra del nombre de la bestia según la computación de los griegos debe tener las letras que se hallan en 666 (es decir igual número de centenas, decenas y unidades) -pues el número seis conservado en cada cifra parece recapitular toda la apostasía desde el principio, pasando por los tiempos intermedios hasta los últimos-, no sé cómo erraron algunos, con tal de seguir sus propias ideas, al cambiar el número intermedio del nombre; pues restaron cincuenta al número original, y pretendieron que fuese 10. Tal vez, imagino, fue error de amanuenses, porque, como en griego se ponen letras en lugar de números, fácilmente cambiaron la letra que significa 60, por la iota. Después otros pudieron hacer lo mismo, sin confrontar con el original. Otros simplemente asumieron ingenuamente el número 10. Incluso algunos, por ignorancia, se atrevieron a investigar los nombres que llevaban ese número falso. En mi opinión, Dios perdonará a todos los que por simplicidad y sin malicia hicieron esto; en cambio, a quienes, buscando una gloria vana, se decidieron por un nombre que lleva el número falso, y por su propia autoridad definieron el nombre de aquel que ha de venir, a éstos les irá mal, porque se sedujeron a sí mismos y a los fieles. El primer daño que han causado es alejarse de la verdad, juzgando como si fuese lo que no es; además, un castigo de la Escritura no despreciable recaerá sobre tales hombres. Se añadirá otro peligro no pequeño para quienes erróneamente presumen de conocer ese nombre: si creen que es un nombre, y el que vendrá tiene otro, él podrá seducirlos fácilmente, pues creerán que aún no se presenta aquél de quien deben precaverse" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro V, 30:1)

"Jeremías habla no sólo de su venida imprevista (habla de la manifestación del Anticristo), sino también de la tribu de la cual ha de provenir: «Desde Dan se escucha el resoplar de sus caballos; toda la tierra temblará ante el relincho de sus corceles. Vendrá a devorar el país y todo cuanto hay en él: sus ciudades y sus habitantes» (Jer 8,16). Por este motivo el Apocalipsis no enumera dicha tribu entre las que se han de salvar (Ap 7,5-8)" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro V, 30:2)

"Más seguro y sin peligro es esperar que se cumpla la profecía, que ponerse a adivinar o a hipotizar cualquier nombre; pues se pueden encontrar muchos nombres que llevan dicha cifra, (...) También TEITAN, que en la primera sílaba contiene una doble vocal griega: E e I, es el nombre más probable entre los que hallamos. Porque ese nombre consta de seis letras, cada una de sus dos sílabas consta de tres letras, y es un nombre antiguo y extraordinario; pues ninguno de los actuales reyes lleva el nombre de Titán, ni se denomina así ninguno de los ídolos que los griegos y los bárbaros adoran. Y, sin embargo, muchos consideran divino ese nombre, pues también se llama Titán al dios sol (...) Pero, aunque el nombre de Titán sea tan probable, a tal punto que muchos se preguntan si no se llamará así el que ha de venir, sin embargo no correremos el riesgo de pronunciarnos acerca del nombre que habrá de llevar; pues sabemos que, si su nombre debiera ser claramente proclamado ya en el presente, lo habría dicho aquel que lo contempló en el Apocalipsis; además, esta visión ha tenido lugar casi en nuestro tiempo, hacia el final del imperio de Domiciano" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro V, 30:3)

"Cuando el Anticristo devastare todas las cosas en este mundo, y hubiese reinado durante tres años y seis meses, sentado en el templo de Jerusalén, entonces el Señor vendrá entre las nubes del cielo en la gloria del Padre (Mt 16,27). Entonces lo enviará al lago de fuego con sus seguidores (Ap 19,20), e instaurará el tiempo del reino para los justos, es decir el descanso, el séptimo día santificado, y cumplirá a Abrahám la promesa de la herencia. Este es el reino al cual, según la palabra del Señor, muchos vendrán de oriente y occidente, para tomar su lugar junto con Abraham, Isaac y Jacob (Mt 8,11)" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro V, 30:4)

"Todo esto se refiere sin duda a la resurrección de los justos, la cual acaecerá después de la venida del Anticristo (...) Aquellos a quienes el Señor, al venir de los cielos, encuentre esperándolo en la carne tras haber sufrido la Gran Tribulación y haber escapado de las manos del impío (El anticristo), son aquéllos de los cuales dijo el profeta..." (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro V, 35:1)

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Dios Padre. Aparte de otros temas, se hace hincapié en que el Dios del Nuevo Testamento es el mismo que el Dios del Antiguo, y no otro, como afirmaban algunos herejes (gnósticos y otros). Esta era una de las principales herejías de la época: separar o hacer diferente al Dios del Antiguo Testamento del Dios del Nuevo.

"Porque ser eminente sobre todas las cosas es lo propio de Dios, y por ello no le hacen falta instrumentos para llevar a cabo la hechura de su creación. Y su Verbo es capaz y suficiente para realizar todas las cosas, como escribió de él su discípulo Juan: «Todas las cosas fueron hechas por él, y sin él nada se ha hecho» (Jn 1,3). Y en la expresión «todas las cosas» está incluido nuestro mundo. Por tanto, éste fue hecho por el Verbo, como dice la Escritura en el Génesis, que Dios hizo por su Palabra todas las cosas que existen en nuestro mundo (Gén 1,3-26). También David lo afirma: «Porque él lo dijo y fueron hechas; lo mandó y fueron creadas» (Sal 33[32],9; 148,5). ¿A quién, pues, vamos a creer acerca de la creación del mundo: a esos herejes que hemos mencionado, que mascullan tonterías y contradicciones, o a los discípulos del Señor, a Moisés el fiel siervo de Dios (Núm 12,7) y profeta? Este fue el primero que describió el origen del mundo: [716] «En el principio Dios hizo el cielo y la tierra» (Gén 1,1), y en seguida todo el resto. No habló de dioses ni de ángeles" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro II, 2:5)

"Y que este mismo Dios es el Padre de nuestro Señor Jesucristo, lo dijo el Apóstol Pablo: «Uno solo es Dios Padre, que está sobre todos, por todos y en todos nosotros» (Ef 4,6). Ya demostramos anteriormente que existe sólo un Dios; pero aún lo seguiremos probando a partir de las palabras del Señor y de los Apóstoles. Pues ¿a dónde llegaríamos si, dejando las palabras del Señor y de los Apóstoles, prestáramos atención a aquellas que nada sensato pueden decirnos?" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro II, 2:6)

"Si conociesen las Escrituras y se dejaran educar por la verdad, aprenderían que Dios no es como los seres humanos, ni sus pensamientos son como los del hombre (Is 55,8-9). Pues el Padre de todas las cosas dista mucho de las acciones y pasiones humanas, es simple, no es compuesto, no consta de miembros diversos, todo su ser es igual a sí mismo; es todo intelecto, todo espíritu, todo sentimiento, todo pensamiento, todo verbo, todo oído, todo ojo, todo luz y todo bien de todos los bienes, como afirman de Dios los hombres de fe y piadosos. El está sobre todas las cosas, y por eso es inefable. Se puede afirmar con rectitud y justicia que es un intelecto que abarca todas las cosas, pero no de modo semejante al intelecto de los seres humanos. También se le puede llamar luz, pero no a la manera de nuestra luz. Y así sucesivamente: el Padre de todas las cosas no es en nada igual a la pequeñez humana; y, aunque nosotros podemos hablar de estas cosas en él por motivo de su amor, sin embargo hemos de entender que siempre nos supera en grandeza" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro II, 13:3,4)

"Con estas palabras Juan quiso decir que los ángeles, los arcángeles, «los tronos y dominaciones» (Col 1,16), fueron creados por el Dios que está sobre todas las cosas, y hechos por mediación del Verbo; pues, cuando afirma que el Verbo de Dios estaba en el Padre, añadió: «Todo fue hecho por medio de él, y sin él nada ha sido hecho» (Jn 1,3). Cuando David enumera las alabanzas, nombra todas las cosas que dijimos, y añade los cielos y todas sus potestades: «El lo mandó y todo fue creado. El lo dijo y se hizo» (Sal 148,5; 33[32],9). ¿A quién se lo mandó? Al Verbo, «por el cual fundó los cielos y con el soplo de su boca toda su potencia» (Sal 33[32],6). Y que hizo todas las cosas por propia libertad y como quiso, también lo dice David: «Nuestro Dios hizo en los cielos y en la tierra todo lo que quiso» (Sal 114[113],11). Las cosas creadas son diferentes de aquel que las creó, y las cosas hechas, de su Hacedor. Pues éste es increado, no tiene principio ni fin, y de nadie tiene necesidad. No carece de nada, se basta a sí mismo, y da a todos los demás seres la existencia. Cuanto fue hecho por él, tuvo un principio. Y las cosas que tuvieron un comienzo, pueden un día perecer, están sujetas y necesitan de su Hacedor. Como hay muchos que tienen poca inteligencia para distinguir estas cosas, fue necesario usar palabras diversas, de modo que a aquel solo que hizo todas las cosas con su Palabra, se le llame Dios y Señor. En cuanto a las creaturas, no son capaces de llamarse con estos nombres, ni pueden con justicia adjudicarse un título que pertenece sólo al Creador. (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro III, 8:3)

"Queda, pues, firme sin discusión, que el Espíritu, hablando en propia persona, no ha llamado Dios y Señor a nadie más sino al Dios Soberano de todas las cosas, con su Verbo; así también aquellos que reciben el Espíritu de adopción, es decir, quienes creen en el único Dios verdadero y en Jesucristo Hijo de Dios. De modo semejante, el Apóstol no llama Dios y Señor a otros fuera de éstos; y lo mismo nuestro Señor, el cual nos mandó no proclamar Padre a ningún otro sino al que está en los cielos, al único Dios y Padre" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro IV, 1:1)

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El Espíritu Santo

"Para ello el Señor prometió que enviaría al Paráclito que nos acercase a Dios (Jn 15,26; 16,7). Pues, así como del trigo seco no puede hacerse ni una sola masa ni un solo pan, sin algo de humedad, así tampoco nosotros, siendo muchos, podíamos hacernos uno en Cristo Jesús, sin el agua que proviene del cielo. Y así como si el agua no cae la tierra árida no fructifica, así tampoco nosotros, siendo un leño seco, nunca daríamos fruto para la vida, si no se nos enviase de los cielos la lluvia gratuita. Pues nuestros cuerpos recibieron la unidad por medio de la purificación (bautismal) para la incorrupción; y las almas la recibieron por el Espíritu. Por eso una y otro fueron necesarios, pues ambos nos llevan a la vida de Dios" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro III, 17:2)





Jesucristo. ¡Malas noticias para los Testigos de Jehová! Los primitivos cristianos creyeron en la Divinidad de Jesucristo, como atestiguan los numerosos escritos al respecto (hablan de él como el Dios que se apareció a Abraham antes de la destrucción de Sodoma y Gomorra, del Dios que se apareció a Moisés en la zarza, etc. No es hasta el siglo III-IV que surgirán las herejías que afirmaban lo contrario y con ello los debates sobre la Trinidad (palabra que no aparece hasta el siglo III en la cristiandad. Recomiendo leer mi credo para ver la manera en que entendían los primitivos cristianos lo que después se llamó doctrina de la Trinidad en el siglo III -lo he escrito así a propósito-).

"Tenía treinta años cuando recibió el bautismo, edad que es la perfecta para un maestro. En seguida se dirigió a Jerusalén, donde se le llamó «Maestro»: (...) se manifestó como era. Siendo, pues, el Maestro, tenía la edad apropiada para un maestro. El no rechazó ni reprobó al ser humano, ni abolió en sí la ley del género humano, sino que santificó todas las edades al asumirlas en sí a semejanza de ellos. Porque vino a salvar a todos: y digo a todos, es decir a cuantos por él renacen para Dios, sean bebés, niños, adolescentes, jóvenes o adultos. Por eso quiso pasar por todas las edades: para hacerse bebé con los bebés a fin de santificar a los bebés; niño con los niños, a fin de santificar a los de su edad, dándoles ejemplo de piedad, y siendo para ellos modelo de justicia y obediencia; se hizo joven con los jóvenes, para dar a los jóvenes ejemplo y santificarlos para el Señor; y creció con los adultos hasta la edad adulta, para ser el Maestro perfecto de todos, no sólo mediante la enseñanza de la verdad, sino también asumiendo su edad para santificar también a los adultos y convertirse en ejemplo para ellos. En seguida asumió también la muerte, para ser «el primogénito de los muertos, y tener el primado sobre todos» (Col 1,18), el iniciador de la vida (Hech 3,15), siendo el primero de todos y yendo adelante de ellos" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro II, 22:4)

"Esta edad tenía el Señor cuando enseñaba, como dicen el Evangelio y todos los presbíteros de Asia que, viviendo en torno a Juan, de él lo escucharon, puesto que éste vivió con ellos hasta el tiempo de Trajano. Algunos de ellos vieron no sólo a Juan, sino también a otros Apóstoles, a quienes han escuchado decir lo mismo. ¿A quién tenemos que creer? ¿A estos testigos, o a Ptolomeo (Un hereje), que nunca conoció a los Apóstoles, y que ni en sueños siguió sus huellas?" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro II, 22:5)

"Ni el Señor, ni el Espíritu Santo (por los profetas), ni los Apóstoles jamás habrían llamado Dios de modo absoluto y definitivo al que no lo fuese verdaderamente; ni habrían llamado Señor a ninguna otra persona, sino al Dios Padre soberano de todas las cosas, y a su Hijo que recibió de su Padre el señorío sobre toda la creación, según aquellas palabras: «Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos como escabel de tus pies» (Sal 110[109],1). En este pasaje se presenta al Padre conversando con el Hijo; él «le ha dado las naciones por herencia» (Sal 2,8) y le ha sometido a todos sus enemigos. Y como el Padre es en verdad Señor, y el Hijo es en verdad Señor, con razón el Espíritu Santo los llamó con el título Señor. También al narrar la destrucción de Sodoma, la Escritura dice: «Y el Señor hizo llover desde el cielo fuego y azufre sobre Sodoma y Gomorra» (Gén 19,24). Esto significa que el Hijo, el mismo que había conversado con Abraham, ha recibido del Padre el poder de condenar a los sodomitas, por motivo de su iniquidad. De modo semejante afirma: «Tu trono, oh Dios, para siempre; cetro de rectitud es el cetro de tu reinado; amaste la justicia y odiaste la iniquidad; por eso te ungió Dios, tu Dios» (Sal 45[44],7-8). Aquí el Espíritu los llamó a ambos con el nombre de Dios: tanto al Hijo, el ungido, como al que unge, el Padre. Y también: «Dios se presentó en la asamblea de los dioses, en medio de ellos juzga a los dioses» (Sal 82[81],1). (El Espíritu) habla aquí del Padre y del Hijo y de aquellos que recibieron la adopción filial, y mediante ellos se refiere a la Iglesia: porque ésta es la sinagoga de Dios, la cual Dios, me refiero al Hijo, ha reunido por sí y para sí mismo. También dice en otro lugar: «Dios, el Señor de los dioses, habló y convocó la tierra» (Sal 50[49],1). ¿De cuál Dios se trata? De aquel del cual está escrito: «Dios vendrá de modo manifiesto; nuestro Dios, y no callará», esto es, el Hijo, que se manifestó por su venida a los hombres, el cual dice: «Me manifesté al descubierto a quienes no me buscaban» (Is 65,1). ¿Y de qué dioses se trata? De aquellos a quienes él declara: «Yo he dicho: Vosotros sois dioses, todos sois hijos del Altísimo» (Sal 82[81],6; Jn 10,34); es decir, aquellos que han recibido la gracia de la adopción, por la cual clamamos: «¡Abbá, Padre!» (Rom 8,15; Gál 4,5-6). Así, pues, como arriba dije, a ningún otro se le llama Dios o Señor, sino al que es Dios y Señor de todas las cosas, el que dijo a Moisés: «Yo soy el que soy», y: «Así dirás a Israel: Yo soy me manda a vosotros» (Ex 3,14); y también a su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, el cual hace hijos de aquellos que creen en su nombre (Jn 1,12). El Hijo también habla por Moisés: «Yo he descendido a librar a este pueblo» (Ex 3,8), porque es él «quien descendió y ascendió» (Ef 4,10) para salvar a los seres humanos. De este modo, «Por el Hijo que está en el Padre y tiene en sí al Padre» (Jn 14,10-11) se ha manifestado Dios aquel que es, al dar testimonio, como Padre, del Hijo (Mt 16,17; Jn 5,37), mientras el Hijo anuncia al Padre (Mt 11,27; Jn 11,41-42). Como dice Isaías: «Yo doy testimonio, dice el Señor Dios, y mi Siervo a quien yo elegí, para que sepáis, creáis y entendáis que soy yo» (Is 43,10). (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro III, 6:1-2)

"El Padre, pues, es Señor y el Hijo es Señor; es Dios el Padre y lo es el Hijo, porque el que ha nacido de Dios es Dios. Así según la esencia de su ser y de su poder, hay un solo Dios; pero, al mismo tiempo, en la administración de la economía de nuestra redención, Dios aparece como Padre y como Hijo. Y dado que el Padre del Universo es invisible e inaccesible a los seres creados, es por medio del Hijo como los destinados a acercarse a Dios deben conseguir el acceso al Padre" (Ireneo de Lión, Demostración de la Predicación Apostólica, 47)



Vida cristiana y en la Iglesia. Como me gustaría que el lector se hiciese con algún buen libro sobre textos de los cristianos primitivos (Recomiendo "Los Padres Apostólicos" de Editorial CLIE), para que se diesen cuenta de la seriedad -que hoy apenas existe- con la que estos hermanos vivieron la fe y la vida de iglesia. Ni eran unos "descontrolados" locos como hoy parecen serlo algunos, ni unos rigoristas farisaicos con la exclusiva de la verdad -como también abundan por ahí-. Eran lo más serio y consagrado que se pueda imaginar -con sus defectos y problemas- pero con la Libertad con la que el Cristo nos ha hecho Libres.

"Y los libros y los apóstoles declaran de modo inequívoco que la Iglesia no sólo existe ahora por primera vez, sino que ha sido desde el principio: porque era espiritual, como nuestro Jesús era también espiritual, pero fue manifestada en los últimos días para que Él pueda salvarnos" (2ª De Clemente, "Una Antigua Homilía" 14)

"Pues es mejor y más provechoso para uno ser ignorante o de poca ciencia, si se acerca a Dios por el amor hacia su prójimo, que imaginarse saber mucho y ser perito en muchas cosas hasta blasfemar de Dios inventando a otro Dios y Padre. Por eso Pablo exclamó: «La ciencia envanece, el amor edifica» (1 Cor 8,1). No es que condenara el verdadero conocimiento de Dios, porque si así lo hiciera se condenaría a sí mismo; sino que, sabiendo que algunos, con ocasión de la ciencia, se enorgullecían hasta apartarse del amor de Dios, y sin embargo se tenían a sí mismos por perfectos, inventaban a un dios imperfecto como producto de su ciencia; por eso dijo: «La ciencia envanece, el amor edifica». (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro II, 26:1a)

"Mejor que buscar la ciencia es no conocer otra cosa sino a Jesucristo el Hijo de Dios crucificado por nosotros (1 Cor 2,2), en vez de investigar cuestiones sutiles hasta caer en la impiedad y en la vana palabrería." (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro II, 26:1b)

"Una mente sana y religiosa que ama la verdad, sin peligro alguno pone la capacidad que Dios concedió a los seres humanos al servicio de la ciencia, y con un constante estudio podrá progresar en su conocimiento de las cosas. Por éstas quiero decir aquellas que día tras día suceden ante nuestros ojos, y también aquellas que las palabras de la Escritura tratan en forma abierta. Por eso se deben interpretar las parábolas sin métodos ambiguos: quien de esta manera las entiende, no correrá peligro, y todos deben explicar las parábolas de modo semejante. Haciéndolo así, el cuerpo de la verdad permanecerá íntegro, siempre adecuado a los miembros y libre de distorsiones. En cambio, cuando se aplican cosas ocultas y que no están a la vista, a la interpretación de las parábolas, como a cada uno se le antoja, desaparece toda regla de la verdad; pues cuantos fueren los expositores de las parábolas, otras tantas serán las verdades opuestas entre sí y provocarán doctrinas contradictorias, como sucede con las cuestiones de los filósofos paganos" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro II, 27:1)

"En la Iglesia se halla la compasión, la misericordia (Zac 7,9), la solidez y la verdad, que se ejercitan gratuitamente y sin esperar paga alguna, sólo al servicio de los seres humanos. Damos lo que tenemos para la salvación de los hombres, y muchas veces los enfermos reciben de nosotros, para su curación, incluso lo que a nosotros nos hace falta" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro II, 31:3)

"Usando la enseñanza del Señor: según su palabra, no sólo serán echados de su presencia quienes pequen, sino también quienes quieran pecar (Mt 5,25-28). No sólo el que asesina merecerá el castigo del asesino, sino también aquel que, sin motivo, se enoje contra su hermano (Mt 5,21-22). No sólo prohibió odiar a los demás, sino que ordenó amar a los enemigos (Mt 5,43-44). No únicamente vetó hablar mal del prójimo, sino que mandó no llamar al otro vacío o estúpido, bajo pena de caer en el fuego de la gehenna (Mt 5,22). No sólo enseñó no golpear a otro, sino que, si alguien nos pega, a presentarle la otra mejilla (Mt 5,39). No se limitó a disponer que no hemos de robar lo ajeno, sino también a no reclamarle al otro que nos ha quitado lo nuestro (Mt 5,40); y no únicamente prohibió hacer el mal o herir al prójimo, sino que mandó hacer el bien con generosidad a quienes nos tratan mal y orar por ellos para que se conviertan y se salven (Mt 5,44): no hemos de imitar, pues, a los otros en las ofensas, los apetitos y el orgullo" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro II, 32:1)

"Esta es la predicación abierta de Cristo: que él es el Salvador de quienes por confesarlo serán entregados a la muerte y perderán su vida" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro III, 18:4)

"Hemos también expuesto cómo la predicación de la Iglesia es la misma en todas las regiones, se mantiene igual y se funda en el testimonio de los profetas, de los Apóstoles y de todos los discípulos; y así también (hemos explicado) desde el principio, por sus medios y hasta el fin, el universal proyecto salvífico de Dios, y la obra que realiza todos los días por la salud del hombre, en lo que nuestra fe consiste. Conservamos esta fe, que hemos recibido de la Iglesia, como un precioso perfume custodiado siempre en su frescura en buen frasco por el Espíritu de Dios, y que mantiene siempre joven el mismo vaso en que se guarda. Este es el don confiado a la Iglesia, como el soplo de Dios a su criatura, que le inspiró para que tuviesen vida todos los miembros que lo recibiesen. En éste se halla el don de Cristo, es decir el Espíritu Santo, prenda de incorrupción, confirmación de nuestra fe, y escalera para subir a Dios. En efecto, «en la Iglesia Dios puso apóstoles, profetas, doctores» (1 Cor 12,28), y todos los otros efectos del Espíritu. De éste no participan quienes no se unen a la Iglesia, sino que se privan a sí mismos de la vida por su mala doctrina y pésima conducta. Pues donde está la Iglesia ahí se encuentra el Espíritu de Dios, y donde está el Espíritu de Dios ahí está la Iglesia y toda la gracia, ya que el Espíritu es la verdad" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro III, 24:1)

"También juzgará (Dios) a los que provocan divisiones, vacíos del amor de Dios, los cuales más buscan su provecho que la unidad de la Iglesia. Estos, alegando cualquier motivo sin peso, dividen y fragmentan el grande y glorioso Cuerpo de Cristo, y en cuanto está de su parte de nuevo lo matan. Hablan de paz mientras hacen la guerra, «cuelan el mosquito mientras se tragan el camello» (Mt 23,24). Esos tales no pueden ofrecer una corrección tan grande cuanto lo es el daño que provocan con las divisiones. Juzgará a todos los que están alejados de la verdad, es decir, que se han puesto fuera de la Iglesia" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro IV, 33:7)



Actitud ante la Escritura

"Aunque no podamos resolver todas las cuestiones que se plantean en la Escritura, no busquemos a otro Dios fuera del único que existe: sería la peor impiedad. Debemos abandonar esas cuestiones al Dios que nos hizo, sabiendo perfectamente que las Escrituras son perfectas, pues fueron dictadas por el Verbo de Dios y por su Espíritu. A nosotros, por ser inferiores al Verbo y a su Espíritu y por vivir en el tiempo (202), nos hace falta su conocimiento de los misterios. Ni hay por qué admirarse de que necesitemos la revelación de las cosas espirituales y celestiales; incluso respecto de las cosas que tenemos bajo los pies -me refiero a las que existen en este mundo, con las que vivimos y que todos los días manejamos y vemos-, muchas de ellas han escapado a nuestro conocimiento, y por eso las confiamos a Dios; porque él necesariamente está sobre todas las cosas" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro II, 28:2)

"Si aun entre las cosas creadas algunas son accesibles sólo al conocimiento de Dios, y otras también pueden caer bajo nuestra ciencia, ¿qué dificultad hay si en las cuestiones de la Escritura, siendo éstas espirituales, averiguamos unas cosas con su gracia y otras las dejamos a Dios, de tal manera que no sólo en esta vida, sino también en la futura, Dios sea siempre el Maestro, y el ser humano deba siempre aprender de él? Como dice el Apóstol, cuando desaparezca todo lo parcial, permanecerán sólo la fe, la esperanza y el amor (1 Cor 13,9-13). La fe en nuestro Maestro sigue siendo firme en la confesión de un solo Dios verdadero y en el amor que siempre le tenemos por ser el único Padre; por eso esperamos recibir y aprender más de Dios, porque es bueno e infinitamente rico, su reino jamás se acaba y su doctrina no tiene término" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro II, 28:3)

"Así pues, la Tradición apostólica está viva en la Iglesia y dura entre nosotros. Ahora volvamos los ojos a las Escrituras, para sacar de ella la prueba de todas aquellas cosas que los Apóstoles dejaron por escrito en los Evangelios" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro III, 5:1)

"¿Qué médico, si quiere curar al enfermo, le da la medicina que a éste le gusta y no la adecuada para devolverle la salud? (...) ¿Cómo se aliviarán estos enfermos? ¿Y cómo se arrepentirán los pecadores? ¿Acaso manteniéndose en su estado? ¿No será más bien por un cambio a fondo y alejándose de su anterior modo de vivir en la transgresión, que provocó en ellos esa grave enfermedad y tantos pecados?, pero la ignorancia, madre de todos estos males, se elimina por el conocimiento (de la Doctrina de los Apóstoles en la Escritura)" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro III, 5:2)

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El depósito de la fe por medio de los apóstoles

"Nosotros no hemos conocido la Economía de nuestra salvación, sino por aquellos a través de los cuales el Evangelio ha llegado hasta nosotros: ellos primero lo proclamaron, después por voluntad de Dios nos lo transmitieron por escrito para que fuese «columna y fundamento» (1 Tim 3,15) de nuestra fe.
Y no es justo afirmar que ellos predicaron antes de tener «el conocimiento perfecto», como algunos se atreven a decir gloriándose de corregir a los Apóstoles. Pues una vez resucitado de entre los muertos los revistió con la virtud del Espíritu Santo (Hech 1,8) que vino de lo alto (Lc 24,49); ellos quedaron llenos de todo y recibieron «el perfecto conocimiento». Luego partieron hasta los confines de la tierra (Sal 19[18],5; Rom 10,18; Hech 1,8), a fin de llevar como Buena Nueva todos los bienes que Dios nos da (Is 52,7; Rom 10,15), y para anunciar a todos los hombres la paz del cielo (Lc 2,13-14); tenían todos y cada uno el Evangelio de Dios (Rom 1,1; 15,16; 2 Cor 11,7; 1 Tes 2,2.8.9; 1 Pe 4,17).
Mateo, (que predicó) a los Hebreos en su propia lengua, también puso por escrito el Evangelio, cuando Pedro y Pablo evangelizaban y fundaban la Iglesia. Una vez que éstos murieron, Marcos, discípulo e intérprete de Pedro, también nos transmitió por escrito la predicación de Pedro. Igualmente Lucas, seguidor de Pablo, consignó en un libro «el Evangelio que éste predicaba» (1 Tes 2,9; Gál 2,2; 2 Tim 2,8). Por fin Juan, el discípulo del Señor «que se había recostado sobre su pecho» (Jn 21,20; 13,23), redactó el Evangelio cuando residía en Efeso.
Y todos ellos nos han transmitido a un solo Dios Creador del cielo y de la tierra anunciado por la Ley y los profetas, y a un solo Cristo Hijo de Dios. Pero si alguien no está de acuerdo con ellos, desprecia por cierto a quienes han tenido parte con el Señor (Heb 3,4), desprecia al mismo Cristo Señor y aun al Padre (Lc 10,16), y se condena a sí mismo (Tt 3,11), porque resiste (2 Tim 2,25) a su salvación, cosa que hacen todos los herejes. (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro III, 1:1-2)

"En cambio la Iglesia, que en todo el mundo ha tenido de los Apóstoles su origen, persevera en una sola y misma doctrina acerca de Dios y de su Hijo" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro III, 12:7)

"Tal vez alguno, afectado por la manía de discutir, opine que las expresiones de los Apóstoles deben tomarse en sentido metafórico" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro III, 12:11)

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El uso de estatuas e imágenes Que no se imagine el católico lector que los primitivos cristianos usaban cualquier tipo de imagen o estatua en su "liturgia". Para ellos la sola mención de esto hubiese sido motivo de escándalo (pues el Segundo Mandamiento de la Ley de Dios no se enseña en la Iglesia Católica de Roma), por ello afirma el enemigo de los cristianos Celso, en su libro "Discurso verdadero contra los cristianos" que éstos "no soportan siquiera ni la presencia de imágenes o estatuas"

"A su vez, los Apóstoles enseñaban a los paganos a abandonar los ídolos de piedra y de madera a los que adoraban como dioses; a adorar como Dios verdadero a aquel que creó e hizo toda la raza humana" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro III, 5:3)

"Mateo Apóstol sabía que hay sólo un Dios, el mismo que hizo a Abraham la promesa de que multiplicaría su descendencia como las estrellas del cielo, el mismo que por su Hijo Jesucristo nos llamó del culto a los ídolos de piedra a su conocimiento, a fin de que «el que no era pueblo se hiciese pueblo, y lo que no era amado se hiciese amado» (Rom 9,25; Os 1,10)" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro III, 9:1)

"Los cristianos no pueden soportar la vista de templos, de altares ni de estatuas" (Celso -Autor ferozmente anticristiano del siglo II- "El discurso verdadero contra los cristianos" Libro IV, 97)

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Oraciones paleocristianas

"¡Yo también te invoco, «Señor Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob y de Israel» que eres el Padre de nuestro Señor Jesucristo, Dios que por la multitud de tu misericordia te has complacido en nosotros para que te conozcamos; que hiciste el cielo y la tierra, que dominas sobre todas las cosas, que eres el único Dios verdadero, sobre quien no hay Dios alguno; por nuestro Señor Jesucristo danos el Reino del Espíritu Santo; concede a todos los que leyeren este escrito conocer que tú eres el único Dios, que en ti están seguros, y defiéndelos de toda doctrina herética, sin fe y sin Dios!" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro III, 6:4)

"Por nuestra parte, oramos por que no caigan (los inventores y seguidores de herejías) en el pozo que ellos mismos han cavado; sino que se aparten de su «Madre», salgan del «Abismo», renuncien al «Vacío» y a la «Sombra», y se conviertan para nacer a la Iglesia de Dios, a fin de que Cristo se forme en ellos, y conozcan al Creador de todas las cosas como al único Dios y Señor. Al orar de esta manera por ellos, los amamos más de cuanto ellos piensan amarse a sí mismos. Y porque nuestro afecto es verdadero, puede servir para su salvación, si es que quieren aceptarlo. Es como una medicina dolorosa que desprende las costras superficiales de la carne herida: este afecto les arranca el orgullo y la vanagloria. Por eso no nos cansará seguir con todas nuestras fuerzas tendiéndoles la mano" (Ireneo de Lión, Contra las Herejías, Libro III, 25:7)

"Concédenos, Señor, que podamos poner nuestra esperanza en tu Nombre, que es la causa primaria de toda la creación, y abramos los ojos de nuestros corazones para que podamos conocerte a Ti, que eres sólo el más Alto entre los altos, el Santo entre los santos; que abates la insolencia de los orgullosos, y desbaratas los designios de las naciones; que enalteces al humilde, y humillas al exaltado; que haces ricos y haces pobres; que matas y das vida; que eres sólo el benefactor de los espíritus y el Dios de toda carne; que miras en los abismos, y escudriñas las obras del hombre; el socorro de los que están en peligro, el Salvador de los que están en angustia; el Creador y observador de todo espíritu; que multiplicas las naciones sobre la tierra, y has escogido de entre todos los hombres a los que te aman por medio de Jesucristo, tu querido Hijo, por medio del cual nos enseñaste, nos santificaste y nos honraste. Te rogamos, Señor y Maestro, que seas nuestra ayuda y socorro. Salva entre nosotros a aquellos que están en tribulación; ten misericordia de los abatidos; levanta a los caídos; muéstrate a los necesitados; restaura a los apartados; convierte a los descarriados de tu pueblo; alimenta a los hambrientos; suelta a los presos; sostén a los débiles; confirma a los de flaco corazón. Que todos los gentiles sepan que sólo Tú eres Dios, y Jesucristo es tu Hijo, y nosotros somos tu pueblo y ovejas de tu prado" (Clemente de Roma, Carta a los Corintios 59)

"Tú, que por medio de tu actividad hiciste manifiesta la fábrica permanente del mundo. Tú, Señor, que creaste la tierra. Tú, que eres fiel de generación en generación, justo en tus juicios, maravilloso en la fuerza y excelencia. Tú, que eres sabio al crear y prudente al establecer lo que has hecho, que eres bueno en las cosas que se ven y fiel a aquellos que confían en Ti, compasivo y clemente, perdónanos nuestras iniquidades y nuestras injusticias y nuestras transgresiones y deficiencias. No pongas a nuestra cuenta cada uno de los pecados de tus siervos y tus siervas, sino límpianos con tu verdad, y guía nuestros pasos para que andemos en santidad y justicia e integridad de corazón, y hagamos las cosas que sean buenas y agradables a tu vista y a la vista de nuestros gobernantes. Sí, Señor, haz que tu rostro resplandezca sobre nosotros en paz para nuestro bien, para que podamos ser resguardados por tu mano poderosa y librados de todo pecado con tu brazo levantado. Y líbranos de los que nos aborrecen sin motivo. Da concordia y paz a nosotros y a todos los que habitan en la tierra, como diste a nuestros padres cuando ellos invocaron tu nombre en fe y verdad con santidad, [para que podamos ser salvos] cuando rendimos obediencia a tu Nombre todopoderoso y sublime y a nuestros gobernantes y superiores sobre la tierra." (Clemente de Roma, Carta a los Corintios 55)

"Tú, Señor y Maestro, les has dado el poder de la soberanía por medio de tu poder excelente e inexpresable, para que nosotros, conociendo la gloria y honor que les has dado, nos sometamos a ellos, sin resistir en nada tu voluntad. Concédeles a ellos, pues, oh Señor, salud, paz, concordia, estabilidad, para que puedan administrar sin fallos el gobierno que Tú les has dado. Porque Tú, oh Señor celestial, rey de las edades, das a los hijos de los hombres gloria y honor y poder sobre todas las cosas que hay sobre la tierra. Dirige Tú, Señor, su consejo según lo que sea bueno y agradable a tu vista, para que, administrando en paz y bondad con piedad el poder que Tú les has dado, puedan obtener tu favor. ¡Oh Tú, que puedes hacer estas cosas, y cosas más excelentes aún que éstas, te alabamos por medio del Sumo Sacerdote y guardián de nuestras almas, Jesucristo, por medio del cual sea a Ti la gloria y la majestad ahora y por los siglos de los siglos! Amén" (Clemente de Roma, Carta a los Corintios 56)

"Finalmente, que el Dios omnisciente, Señor de los espíritus y de toda carne, que escogió al Señor Jesucristo, y a nosotros, por medio de Él, como un pueblo peculiar, conceda a cada alma que se llama según su santo y excelente Nombre, fe, temor, paz, paciencia, longanimidad, templanza, castidad y sobriedad, para que podáis agradarle en su Nombre, por medio de nuestro Sumo Sacerdote y guardián Jesucristo, a través del cual sea a Él la gloria y majestad, la potencia y el honor, ahora y para siempre jamás. Amén" (Clemente de Roma, Carta a los Corintios 64)

"Orad en favor de todos los santos. Orad también por los reyes y potentados y príncipes, y por los que os persiguen y aborrecen, y por los enemigos de la cruz, que vuestro fruto pueda ser manifiesto entre todos los hombres, para que podáis ser perfeccionados en Él" (Policarpo de Esmirna, carta a los Filipenses 12)

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La Cena del Señor o Eucaristía (Nota: Los primitivos cristianos griegos la llamaban Eucaristía, que significa: "reconocimiento", "agradecimiento", esto es, "Acción de Gracias"). Los primeros cristianos tomaban el pan y el vino (siendo el "vino" vino mezclado con algo de agua y no mosto -incluso alguno (para mí exagerado) tilda de herejes a los que usaban mosto-) cada día del Señor o Domingo (y no una vez al mes o cada varios meses como es costumbre en algunas congregaciones actuales). La "Santa cena" o "Partimiento del pan" se solía celebrar tras una comida o "ágape" fraternal. Se tomaba el Pan y se partía en recuerdo del Cuerpo de Cristo que dio Su Vida por todos nosotros en la cruz -no se traían los trocitos de pan ya partidos, lo cual no es "partir el pan"- y se tomaba después una copa -y no muchas copas pequeñitas como se hace hoy en algunos sitos- de la cual bebían todos los bautizados. Por supuesto ni se les ocurría pensar que estos elementos se transubstanciasen o cosa parecida, pero tampoco lo tomaban nada a la ligera. Se sabe que en algunas congregaciones paleocristianas ni siquiera se permitía a los no bautizados estar presentes en el momento de partir el pan (no quiere decir que haya que hacer esto hoy en día) ¡cuanto menos tomar de él! Como digo, se partía el pan tras orar por él y se repartía entre los hermanos, después se pasaba una copa de la que bebían todos. ¡¡Por supuesto que ni se les ocurriría tirar las sobras a la basura como he visto hacer en alguna congregación!!, sino que tomarían todo. Veamos algunos textos al respecto:

"En cuanto a la acción de gracias eucarística, dad gracias de esta manera. Primero, por lo que se refiere a la copa: Te damos gracias, Padre nuestro, por la santa vid de tu hijo David, la cual nos has dado a conocer por medio de tu Hijo Jesús; tuya es la gloria para siempre jamás. Luego, por lo que respecta al pan partido: Te damos gracias, Padre nuestro, por la vida y conocimiento que Tú nos has dado a conocer por medio de tu Hijo Jesús; tuya es la gloria para siempre jamás. Tal como este pan partido estaba esparcido por las montañas y al ser juntado pasó a ser uno, así también que tu Iglesia pueda ser juntada de todos los extremos de la tierra en tu reino; porque tuya es la gloria y el poder por medio de Jesucristo para siempre jamás.
Pero que ninguno coma o beba de esta acción de gracias eucarística, a menos que haya sido bautizado en el nombre del Señor; porque respecto a esto también ha dicho el Señor: No deis lo santo a los perros. Y después, cuando estéis satisfechos, dad gracias así: Te damos gracias, Padre Santo, por tu santo nombre, porque Tú has puesto tu tabernáculo en nuestros corazones, y por el conocimiento y fe e inmortalidad que nos has dado a conocer por medio de tu Hijo Jesús; tuya es la gloria para siempre jamás. Tú, Señor Todopoderoso, creaste todas las cosas por amor a tu nombre, y diste comida y bebida a los hombres para que disfrutaran de ellas, y para que pudieran darte gracias a Ti; pero nos has concedido alimento y bebida espiritual y vida eterna por medio de tu Hijo. Ante todo, te damos gracias porque eres poderoso; tuya es la gloria para siempre jamás. Recuerda, Señor, a tu Iglesia para librarla de todo mal y para perfeccionarla en el amor; y recogerla de los cuatro vientos -tu Iglesia que ha sido santificada- en tu Reino que has preparado para ella; porque tuyo es el poder y la gloria para siempre jamás. Que venga la gracia y que pase este mundo. Hosanna al Dios de David. Si alguno es santo, que venga; si alguno no lo es, que se arrepienta. Maran Atha. Amén. Pero permitid a los profetas que ofrezcan acción de gracias tanto como deseen" (La Didaké o Doctrina de los Apóstoles 9 y 10)

"Y en el día del Señor congregaos y partid el pan y dad gracias, confesando primero vuestras transgresiones, para que vuestro sacrificio sea puro. Y que ninguno que tenga una disputa con su compañero se una a la asamblea hasta que se haya reconciliado, para que su sacrificio no sea mancillado; porque este sacrificio es aquel del que habló el Señor: En todo lugar y en todo tiempo ofrecedme un sacrificio puro; porque yo soy un gran rey, dice el Señor, y mi nombre es maravilloso entre las naciones" (La Didaké o Doctrina de los Apóstoles 14)

"Después del baño (del bautismo), llevamos al que ha venido a creer y adherirse a nosotros a los que se llaman hermanos, en el lugar donde se tiene la reunión, con el fin de hacer oraciones en común por nosotros mismos, por el que acaba de ser iluminado y por todos los demás esparcidos por todo el mundo, con todo fervor, suplicando se nos conceda, ya que hemos conocido la verdad, mostrarnos hombres de recta conducta en nuestras obras y guardadores de lo que tenemos mandado, para conseguir así la salvación eterna. Al fin de las oraciones nos damos el beso de paz. Luego se presenta pan y un vaso de agua y vino (Como ya hemos dicho en otras ocasiones, en este texto y otros muchos de la antigüedad cristiana se insiste en que la Santa Cena se realiza con Vino mezclado con Agua, y no con mosto -más información sobre este delicado -para algunos- tema aquí-) al que preside de los hermanos, y él, tomándolos, tributa alabanzas y gloria al Padre de todas las cosas por el nombre del Hijo y del Espíritu Santo, haciendo una larga acción de gracias por habernos concedido estos dones que de él nos vienen. Cuando el presidente ha terminado las oraciones y la acción de gracias, todo el pueblo presente asiente diciendo Amen, que en hebreo significa «Asi sea». Y cuando el presidente ha dado gracias y todo el pueblo ha hecho la aclamación, los que llamamos ministros o diáconos dan a cada uno de los asistentes algo del pan y del vino y agua sobre el que se ha dicho la acción de gracias, y lo llevan asimismo a los ausentes.

Esta comida se llama entre nosotros eucaristía, y a nadie le es licito participar de ella si no cree ser verdaderas nuestras enseñanzas y se ha lavado en el baño del perdón de los pecados y de la regeneración, (Ya hemos dicho en otro sitio que los primitivos cristianos no daban la Santa Cena a los no bautizados, y que en algunos casos ni siquiera les permitían participar de la reunión donde éste se celebraba) viviendo de acuerdo con lo que Cristo nos enseñó. Porque esto no lo tomamos como pan común ni como bebida ordinaria, sino que así como nuestro salvador Jesucristo, encarnado por virtud del Verbo de Dios, tuvo carne y sangre por nuestra salvación, así se nos ha enseñado que en virtud de la oración del Verbo que de Dios procede, el alimento sobre el que fue dicha la acción de gracias -del que se nutren nuestra sangre y nuestra carne al asimilarlo- es el cuerpo y la sangre de aquel Jesús encarnado. Y en efecto, los apóstoles en los Recuerdos que escribieron, que se llaman Evangelios, nos transmitieron que así les fue mandado, cuando Jesús tomó el pan, dio gracias y dijo: «Haced esto en memoria mía»... (No debemos usar esta cita para pensar que los primitivos cristianos creían en la doctrina romanista de siglos posteriores de la "Transubstanciación", se ocupa Justino de dejar claro que lo que los apóstoles les enseñaron fue un "memorial". Tampoco debemos tomar la santa cena a la ligera) (Apología de Justino 65-66, año 155 d.C.)





¿Se puede perder la salvación? Una de las grandes polémicas y motivos de discusión dentro del cristianismo evangélico. Leer estos textos con mucho cuidado, y siempre a la luz de lo que la Palabra de Dios dice al respecto. En todo caso veremos que estos hermanos de entonces, no jugaban a ser cristianos. Ahí quedan estos testimonios para la reflexión de cada uno.

"Así pues, vosotros, los que sois la causa de la sedición, someteos a los presbíteros y recibid disciplina para arrepentimiento, doblando las rodillas de vuestro corazón. Aprended a someteros, deponiendo la obstinación arrogante y orgullosa de vuestra lengua. Pues es mejor que seáis hallados siendo poco en el rebaño de Cristo y tener el nombre en el libro de Dios, que ser tenidos en gran honor y, con todo, ser expulsados de la esperanza de Él" (Clemente de Roma, Carta a los Corintios 57)

"Pero si algunas personas son desobedientes a las palabras dichas por Él por medio de nosotros, que entiendan bien que se están implicando en una trasgresión y peligro serios; mas nosotros no seremos culpables de este pecado. Y pediremos con insistencia en oración y suplicación que el Creador del universo pueda guardar intacto hasta el fin el número de los que han sido contados entre sus elegidos en todo el mundo, mediante su querido Hijo Jesucristo, por medio del cual nos ha llamado de las tinieblas a la luz, de la ignorancia al pleno conocimiento de la gloria de su Nombre" (Clemente de Roma, Carta a los Corintios 59)

"No nos engañemos, hermanos. Los que corrompen las casas (familias) no van a heredar el reino de Dios. Así pues, si a los que hacen estas cosas según la carne se les da muerte, cuánto más si un hombre, con mala doctrina, corrompe la fe de Dios por la cual Jesucristo fue crucificado. Este hombre, habiéndose corrompido a sí mismo, irá al fuego que nunca se apaga; y lo mismo irán los que le escuchan y hacen caso de él" (Ignacio de Antioquia, Carta a los Efesios 16)

"...entonces todos los pecados que ellos han cometido con anterioridad les serán perdonados; sí, y también a todos los santos que han pecado hasta el día de hoy, si se arrepienten de todo corazón, y quitan la doblez de ánimo de su corazón. Porque el Señor juró por su propia gloria, con respecto a sus elegidos: que si, ahora que se ha puesto este día como límite, se comete pecado, después no habrá para ellos salvación; porque el arrepentimiento para los justos tiene un fin; los días del arrepentimiento se han cumplido para todos los santos; en tanto que para los gentiles hay arrepentimiento hasta el último día" (El Pastor de Hermas, 2)

"Pero los que fueron desechados y puestos a un lado, ¿quiénes son?» «Estos han pecado, y desean arrepentirse, por tanto no son lanzados a gran distancia de la torre (la iglesia), porque serán útiles para la edificación si se arrepienten. Los que se arrepienten, pues, si lo hacen, serán fuertes en la fe si se arrepienten ahora en tanto que se construye la torre (la iglesia). Este privilegio lo tienen solamente los que se hallan cerca de la torre (la iglesia)" (El Pastor de Hermas, 5)

"Estos son los hijos del libertinaje. Estos recibieron la fe hipócritamente, y no hubo maldad que no se hallara en ellos. Por tanto, no tienen salvación, porque no son útiles para edificar, por razón de su maldad. Por tanto son desmenuzados y tirados por causa de la ira del Señor, porque le provocaron a ira. En cuanto al resto de las piedras que tú has visto echadas en gran número y que no entran en el edificio, de ellas, las que son mohosas son las que conocieron la verdad, pero no permanecieron en ella ni se mantuvieron adheridos a los santos. Por lo tanto, son inservibles" (El Pastor de Hermas, 5)

"Y le dije: «Todavía voy a hacer otra pregunta, Señor.» «Di», me contestó. «He oído, Señor», le dije, «de ciertos maestros, que no hay otro arrepentimiento aparte del que tuvo lugar cuando descendimos al agua y obtuvimos remisión de nuestros pecados anteriores.» El me contestó: «Has oído bien; porque es así. Porque el que ha recibido remisión de pecados ya no debe pecar más, sino vivir en pureza. Pero como tú inquieres sobre todas las cosas con exactitud, te declararé esto también, para que no tengan excusa los que crean, a partir de ahora, en el Señor, o los que ya hayan creído. Pues los que ya han creído, o van a creer en adelante, no tienen arrepentimiento para los pecados, sino que tienen sólo remisión de sus pecados anteriores. A los que Dios llamó, pues, antes de estos días, el Señor les designó arrepentimiento. Porque el Señor, discerniendo los corazones y sabiendo de antemano todas las cosas, conoció la debilidad de los hombres y las múltiples añagazas del diablo, en qué forma él procurará engañar a los siervos de Dios, y se portará con ellos perversamente. El Señor, pues, siendo compasivo, tuvo piedad de la obra de sus manos y designó esta (oportunidad para) arrepentirse, y a mí me dio la autoridad sobre este arrepentimiento. Pero te digo», me añadió, «si después de este llamamiento grande y santo, alguno, siendo tentado por el diablo, comete pecado, sólo tiene una (oportunidad de) arrepentirse. Pero si peca nuevamente y se arrepiente, el arrepentimiento no le aprovechará para nada; porque vivirá con dificultad.» Yo le dije: «He sido vivificado cuando he oído estas cosas de modo tan preciso. Porque sé que, si no añado a mis pecados, seré salvo.» «Serás salvo», me dijo, «tú y todos cuantos hagan todas estas cosas.» (El Pastor de Hermas, 4º mandato, 3)

"El Señor juzgará al mundo sin acepción de personas: Cada uno recibirá conforme obró. Si el hombre fue bueno, su justicia marchará delante de él; si fuere malvado, la paga de su maldad irá también delante de él. Recordémoslo, no sea que, echándonos a descansar como llamados, nos durmamos en nuestros pecados, y el príncipe malo, tomando poder sobre nosotros, nos empuje lejos del reino del Señor. Además, hermanos míos, considerad este punto: cuando estáis viendo que, después de tantos signos y prodigios sucedidos en medio de Israel y que, sin embargo, han sido de este modo abandonados, andemos alerta, no sea que, como está escrito, nos encontremos muchos llamados y pocos escogidos." (Epístola de Bernabé 4,12-13)

"Por tanto seamos hallados entre los que dan gracias, entre los que han servido a Dios, y no entre los impíos que son juzgados. Porque yo también, siendo un pecador extremo y aún no libre de la tentación, sino en medio de las acechanzas del diablo, procuro con diligencia seguir la justicia, para poder prevalecer consiguiendo llegar por lo menos cerca de ella, en tanto que temo el juicio venidero" (2ª de Clemente, "Una Antigua Homilía" 18)


"Por tanto dijo este anciano (se refiere bien al apóstol Juan o bien -más probablemente- a Policarpo, discípulo de Juan y maestro de Ireneo), no deberíamos ser orgullosos ni reprochar a los antiguos, sino nosotros mismos temer, no sea que, después de tener el conocimiento de Cristo, si hacemos algo que desagrada a Dios, no tengamos ya remisión de los pecados, sino que nos hallemos excluídos de su reino. Y a esto se refiere el dicho de Pablo: Porque si Él no eximió... (cita Romanos 11:17-21)" (Ireneo de Lión en "Contra las herejías" Libro IV, 27. 1-28)






¿Sábado o Domingo? Si bien las primitivas congregaciones de judeocristianos se reunían el sábado y el domingo indistintamente, desde el siglo I y ya todo el II se celebraba el primer día de la semana o Domingo -Día del Señor o día Dominical- (primero de la semana, frente al sábado que es el séptimo) como símbolo de un primer día de la Nueva Creación que Cristo comenzó como primicia al resucitar de los muertos. El hecho de que después Constantino impusiese el día de Domingo y que éste coincidiese con el día del culto al dio sol pagano (al que Constantino adoraba-ver estudio al respecto en el siglo IV-) es una absoluta casualidad, como leeremos abajo que dice Tertuliano a finales del siglo II y principios del III más de un siglo antes de Constantino, y que le vino muy bien a dicho emperador para atraer al culto pagano-cristiano que él fundó a los gentiles, y que hoy es usada como argumento "antidominical" por ciertos sectores sabatistas y/o judaizantes. En todo caso, como hemos comentado, al parecer los primitivos judeocristianos siguieron celebrando el sábado en tanto que judíos y el domingo en tanto que seguidores del Mesías resucitado en dicho día.

"Por último, les dice: Vuestros novilunios y vuestros sábados no los aguanto. Mirad cómo dice: No me son aceptos vuestros sábados de ahora, sino el que yo he hecho, aquél en que, haciendo descansar todas las cosas, haré el principio de un día octavo, es decir, el principio de otro mundo. Por eso justamente nosotros celebramos también el día octavo con regocijo, por ser día en que Jesús resucitó de entre los muertos y, después de manifestado, subió a los cielos" Epístola de Bernabé 15:8)

"Los que vivían según el orden de cosas antiguo han pasado a la nueva esperanza, no observando ya el sábado, sino el día del Señor (domingo) en que nuestra vida es bendecida por Él y por su muerte" (Ignacio de Antioquia, a los Magnesios 9:1)

"Ya no mandará guardar un día de descanso al que todos los días observa el sábado, es decir, al que rinde culto a Dios en el templo de Dios que es el cuerpo del hombre y practica siempre la justicia" (Ireneo de Lión, Demostración de la predicación Apostólica 96)

"Nos reunimos todos el llamado día del sol (el domingo) porque es el primer día de la semana, después del sábado judío, en que Dios, sacando la materia de las tinieblas creó el mundo; y ese mismo día Jesucristo nuestro Salvador resucitó de entre los muertos" (Justino Mártir, Apologético 1:67)

"...y asimismo, si nos damos a la alegría el día del sol (el domingo), por razón muy distinta que la de tributar culto al sol, seguimos en ello a los que designan el día de Saturno (el sábado) a comer y descansar, sin seguir por ello la costumbre judía que desconocen (de guardar el Shabat)..." (Tertuliano, Apologético. Cap. XVI)

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Ofrendas y diezmos: Queda claro para el lector de los textos y testimonios que nos ha legado el Cristianismo Primitivo que aquellos primitivos cristianos no practicaron de ningún modo el diezmo como un mandamiento obligatorio del Señor, considerando esta práctica como parte de la Ley, y por tanto no obligatoria en su cumplimiento para la Iglesia. Para ellos el cristiano no daba sus diezmos como obligación porque ya había dado todo su ser y posesiones a Cristo. Aquí dejo algunos testimonios:

"Por lo tanto no necesitamos de la ley como pedagogo; he aquí que nosotros hablamos con el Padre y estamos en su presencia convertidos en niños sin malicia y afincados en la justicia y honestidad. La Ley, en efecto, no afirmará más: (...) no exigirá los diezmos de quien ha consagrado a Dios todos sus bienes y ha dejado padre, madre y toda su familia para seguir al Verbo de Dios" (Ireneo de Lión, Demostración de la predicación Apostólica 96)

"Y aunque exista entre nosotros una caja común, no se exige una suma obligatoria a los elegidos, como si la religión fuera sacada a subasta. Cada cual entrega una módica suma un día fijo del mes, cuando quiere y si quiere y si puede, porque a nadie se le obliga a dar: cada uno contribuye espontáneamente. Estos son unos fondos de ayuda, porque de ellos no se saca el dinero para banquetes o fiestas ni estériles comilonas, sino para alimentar y sepultar menesterosos, y niños, y doncellas y huérfanos, y a los criados y a los ancianos..." (Tertuliano, Apologético. Cap. XXXIX)

"Cuantos disponen de bienes y quieren dan libremente lo que les parece. Lo recogido se deposita en manos del que preside, quien se encarga de socorrer a los huérfanos, a las viudas y a quienes por enfermedad o cualquier otra razón se hayan necesitados. También a los presos (Se refiere a cristianos encarcelados por serlo) y a los huéspedes llegados de lejos." (Justino mártir, Misterios cristianos, 67)




Los autores de estos escritos:

Policarpo de Esmirna: Discípulo del Apóstol Juan al que oyó junto a Papías en su juventud. Fue quemado vivo por no maldecir a Jesús. Fue el maestro de Ireneo de Lión.
La Didaké: El documento paleocristiano (de origen judío) más antiguo que se conserva (una especie de regla de conducta cristiana). Es del siglo I y al parecer más antiguo que algunos textos del Nuevo Testamento.
Ignacio de Antioquia: Fue el pastor de la iglesia de Antioquia en el siglo I, al parecer, por lo que nos dicen de él los escritores paleocristianos, y por las fechas de su ministerio, fue conocedor del apóstol Pablo. Murió devorado por las fieras en Roma a donde fue llevado desde Antioquia para el espectáculo del circo.
Clemente de Roma: De origen judío, fue obispo de Roma en el primer siglo (para los católicos romanos el tercer papa, después de Lino y Pedro). Se le menciona en los saludos del final de la epístola a los Efesios. Murió mártir.
Hermas: Autor del libro "El Pastor de Hermas" de carácter profético y apocalíptico y que fue considerado inspirado por muchas iglesias paleocristianas (la actual iglesia de Etiopía aún pone este libro como inspirado después del Apocalipsis). Se le menciona en los saludos finales de la epístola a los Romanos.
Bernabé: Autor de la epístola de Bernabé, se duda si fue, como afirmaban algunos primitivos cristianos, el Bernabé del Nuevo Testamento.
Ireneo de Lión: Discípulo de Policarpo en Asia Menor y obispo de la iglesia de Lión en las Galias (actual Francia). Murió Mártir en una persecución.
Justino Mártir: Escritor cristiano del siglo II, que murió mártir.
Tertuliano: Escritor de finales del siglo II y principios del III que en su etapa final se pasó a las filas del Montanismo. Murió mártir.
Justino Mártir: Escritor de la segunda mitad del siglo II.

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