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“No andes difundiendo calumnias entre tu pueblo, ni expongas la vida de tu prójimo con falsos testimonios. Yo soy el Señor.” Levítico 19:16

martedì 4 gennaio 2011

El abuso emocional

Juan 8:1- 12



Todo lo que busques fuera de

tu vida está disponible en tu interior.



A lo largo de la vida establecemos relaciones interpersonales con quienes nos hacen bien, nos alegran, ayudan a madurar, nos hacen felices, enriquecen, con quienes disfrutamos, pero también con aquellos que nos aniquilan, sacan lo peor de nosotros y terminan destruyéndonos. (Especialmente en relaciones amorosas, vinculándonos con hombres heridos, que no lo reconocen, y muestran una fachada de “perfectos” y que siempre “la equivocada es la mujer”).



Una persona herida camina por la vida hiriendo a otros y, hasta que no sea sanado no podrá desparramar sanidad.

Lamentablemente el hombre herido te dañará porque te devalúa como persona, se burla, menosprecia, insulta, critica, intimida, contradice en todo, porque “él siempre tiene la razón.”

Y así te sentís fracasada en distintas áreas: “no servís como mujer”, “sos un desastre sexualmente”, “como madre”, “como abuela”, “como amiga”.

A veces te castiga siendo indiferente, ignorando tus sentimientos, no le importa si llorás o reís, si te fue bien o mal, te trata como un objeto, como si no existieras.

Otros lo hacen a través del silencio.



Quien padece este tratamiento tendrá el “síndrome de la mujer maltratada”, que se caracteriza por depresión, baja estima, falta de concentración.

Mujeres que antes eran capaces y hacían bien las cosas se vuelven torpes y -después o durante el maltrato- dicen: “No puedo entender cómo esto que me salía bien ahora me cuesta tanto”.

No se concentran porque al estar con un hombre agresivo, es muy difícil relajarse, pues no saben cómo va actuar: si un día viene loco, dado vuelta, si terminará pegándole, insultando o si vendrá en una actitud amorosa queriendo recibir algo de ella; por eso permanece en un estado de inestabilidad.



El hombre violento o agresivo se está protegiendo de repetir algún dolor experimentado en los primeros años de su vida y que ante el recuerdo -por abuso, maltrato, abandono- lo tapa con ira o bronca que descargará en otro y, lamentablemente, sos vos.



No podrás reparar los males de un hombre, debe hacerlo por sí mismo.



La mujer maltratada tiene una ilusión: “Mi amor lo va a cambiar; le daré tanto que nunca más nada lo lastimará”; “la bestia se transformará en bella” (y si él no quiere cambiar, seguirá siendo bestia toda la vida.)



No uses el espíritu de rescatadora tratando de cambiar a otra persona: “Voy a darme en sacrificio por él para que suelte todo lo bueno que tiene en el fondo.” ¡No pierdas el tiempo!



No estas para solucionar los conflictos de nadie, Dios te puso para hablar de El.

No te enganches.

A la única persona que podés cambiar

es a vos misma.



Todas las características negativas que tiene tu pareja golpeadora las tenés vos y, como no te das autorización para que salgan, tomás la actitud opuesta a la de él: si es agresivo, sos la mujer buena.



La madre Teresa de Calcuta dijo: “La razón por la que me convertí en una sanadora es porque sabía que en mi interior había un Hitler.”



Si sacás a luz lo oscuro que hay en tu interior, lo que te parecía debilidad se transformará en la mayor fortaleza de tu vida y te ayudará a seguir adelante.

¡Buseá en tu interior!

No niegues tus emociones, sacá todo lo que “parece negativo” y Dios lo transformará en la mayor fuerza que traerá la bendición que esperas.



La mujer maltratada durante muchos años termina maltratando a los demás porque sacó lo mismo de adentro suyo. No usemos las mismas herramientas que el otro usó.



El hombre, especialmente el de características sicopáticas, no tiene problemas en sacar lo negativo, no sienten remordimientos por nada; en cambio las mujeres sentimos culpas y vivimos tapando todos esos aspectos porque necesitamos sentirnos seguras y nos mostramos como rebuenas, remisericordiosas, realegres, redivertidas y de “re” no tenemos nada.



Las mujeres que sufrieron maltrato seguramente buscarán alguien que las vuelva a maltratar porque no diferencian las características de esos hombres.

Hay que tener los ojos bien abiertos para no repetir la historia, por eso deberíamos hacernos dos preguntas:

¿Estoy segura?

¿Soy amada?



1- Seguridad.

¿Qué te hace sentir insegura? ¿Cuándo te sentís segura?



Hay mujeres que durante toda su vida se relacionan con personas autoritarias porque son tan inseguras que necesitan ser validadas por otros. “¿Está bien lo que siento?; ¿Está bien lo que dije? ¿Me habré equivocado? ¿Estará bien la ropa que me pongo, el peinado que me hice? ¿Estará bien el camino que estoy tomando, la decisión que tomé?

Se rodearán de personas autoritarias que le dirijan la vida y decidan por ellas; por eso, al levantarte a la mañana, preguntá si hay algo en vos que te dé seguridad, para no darle todo el poder a la otra persona.



No rechaces la posibilidad de tomar decisiones porque otro decidirá lo que vos no quieras.



Hasta no restablecer tu seguridad interior será muy difícil no relacionarte con alguien violento, siempre los buscarás: “y él tiene el saber”, “tiene el poder”, “sabe todo”, “para los negocios es buenísimo”, “yo soy una tarada, no sé ni siquiera qué ponerme cuando salgo”, “cuando voy con él, lo agarro del brazo y me siento una mujer segura”.



Una pareja se busca por los propósitos en común, no para satisfacer una necesidad ni te haga sentir segura.



Nos han enseñado una mentira, que debíamos buscar nuestra media naranja.

Dios nos hizo completos, no somos mitad de nada ni de nadie, no nos falta nada, por eso no hay que buscar nada afuera.

Al creer que teníamos que buscar en otra persona, sin darnos cuenta, nos dividimos por la mitad.



Buscá la mitad de vida que dejaste por el camino -no en otra persona- enterrado en el dolor, la angustia, la opresión, el llanto, el maltrato.

Mientras sigas buscando seguridad en alguien tendrás que aguantar los caprichos de media humanidad.

(Por ejemplo, tus hijos: “Ah! No si mis hijos no están yo me muero; el día que mis hijos se vayan no sé que será de mi vida”)


Sos la mejor empresa que tenés; trabajá en tu seguridad que viene de tu interior donde brotarán ríos de agua de vida.



2- Amor.



¿Estás viviendo la relación de amor que siempre soñaste?

Si tu respuesta es: “No me siento amada como quisiera serlo”. Preguntate:

¿Me estoy apoyando en otras personas para sentirme amada? ¿Estoy con “éste” porque no me queda otra, ya que nadie me quiere? O ¿Realmente estoy viviendo la relación de amor que siempre soñé?

Si para sentirte amada te apoyas en otros vivirás de acuerdo a sus caprichos porque se dan cuenta que querés retenerlos, -especialmente el manipulador que sabe cuando una persona está desesperada-.



Si es amada, la mujer no tiene por qué ser poseída, dominada o convertirse en un objeto. No hagas concesiones.



Para salir del abuso.





1-Debo darme valor.



Tu valor no depende del puntaje de otros, depende de vos.

Empezá a contar tus bienes, conocé tu patrimonio, en qué sos buena y nadie lo podrá discutir ni negar.

No preguntes: ¿Te parece que lo hice bien? ¿Estuvo lindo lo que hice o dije? (Éste es un problema de las mujeres en general.)



“Si me fue bien, bien y si me fue mal, mal No importa, Dios me dará otra oportunidad y lo haré mejor.” ¡Date valor!



En el área donde tu pareja te criticó, donde dijo que eras un desastre, está tu punto fuerte.

Cuando te dijo: “No servís para esto”, ése es tu punto fuerte; por eso trató de destruirlo, te rebajó para que no lo vieras ni lograras.



Donde alguien te criticó, te hirió, está tu punto fuerte, ése es tu patrimonio, y si lo soltás en el nombre de Jesús, el resultado será éxito tras éxito.



¿Cuáles son tus dones, tus cosas buenas?

Reconócelas y repetilas; sé justa con vos misma, no te critiques.



Cuando conozcas tu belleza interior podrás reflejarla.



Las mujeres que se sienten feas, se ven feas, porque no buscaron su belleza interior.

Sacá a luz lo negativo y bueno que tenés, trabajá en ello y reflejarás belleza como nunca antes.



2- Debo marcar fronteras.



La primera frontera es

tolerancia cero a la violencia.



No permitas que nadie sea violento con vos ni tampoco vos lo seas; no seas manipuladora, mentirosa, agresiva.

Lo que querés que te hagan, hacelo a los demás, y lo que no querés que te hagan no lo hagas.



3-Debo aprender a defenderme.


El peor problema de las mujeres maltratadas es el “espíritu de victima” que no permitirá que logren nada en la vida.

Reconocé que fuiste o sos víctima de un maltratador, de un enfermo, pero salí de ese lugar, no vivas victimizada.

Dios te ha dado poder para salir y sentarme a su lado en los lugares celestiales con

Cristo Jesús.



El sistema de pensamiento “mundo” avala la violencia contra las mujeres, ya que las trata como objetos y lo demuestra en la manera de vestir, de maquillar y en el trato.

Estamos luchando contra éste sistema que muestra a la mujer al lado del hombre sonriendo, como una decoración.



¡No soy objeto de nadie!



Cuando te quieran poner en lugar de objeto, ¡correte!

Tenemos que desprendernos del sistema que es perverso, desafiar su pensamiento y valores, (especialmente cuando escuchás a una mujer reconociendo la obra de un varón y negando la de otra mujer, está negándose así misma.)



El pasaje bíblico habla de la mujer sorprendida en acto de adulterio; parecía como que lo había hecho ella sola porque los fariseos la trajeron arrastrando de los pelos delante de Jesús y el hombre desapareció: ¡qué amor le tenía!

Es como esa gente de la iglesia o familiar que dice: “Vos tuviste la culpa, no lo trataste bien, andá y hacele la comidita caliente y vas a ver como no te va a gritar más ni golpear.”

Tu mamá también tiene el pensamiento del sistema mundo, por eso te dice: “Nena aguantate, para eso estamos las mujeres, si no le das lo que quiere lo va a buscar afuera”.

La única función de las mujeres en el sistema de pensamiento es satisfacer el deseo de un hombre.



“Mi deseo es para Dios.

Y el deseo de Dios es para mi”.


La ley decía que la mujer encontrada en el acto de adulterio debía ser golpeada y apedreada, porque la mujer era nada, un objeto, que ni siquiera tiene alma.

La mujer “no podía defenderse” en la ley, igual que toda mujer maltratada, está como anestesiada y paralizada. Nos preguntamos, por qué no sale de al lado del hombre maltratador y es porque no puede, no sabe cómo reaccionar y no es capaz de salir.

Fue paralizada a través del castigo permanente, de las palabras o los golpes, no es por masoquista ni porque le guste, ni porque le da plata.

La mujer adultera se sentía inválida y lo que le quedaba por hacer era desecharse, despreciarse.



Aprendé a validarte, reconocer y pensar quién sos.

No estás desechada, Dios te eligió y aun tenés que cumplir grandes sueños.



Cuando Jesús vio a la mujer, quebrantó la ley nuevamente.

Si Jesús no tuvo problemas en quebrantar la ley, tampoco nosotros los tendremos en quebrar las leyes familiares, culturales, religiosas que nos mutilaron y castigaron por años.



Nunca hubo palabras de violencia en la boca de Jesús, El vino a traer libertad a los cautivos.



Dios vino a abrir la puerta de tu cárcel, viví en libertad y seguridad, porque el amor viene de adentro.



Salir de la posición de víctima y asumir mi poder, me saca del sistema de pensamiento “mundo”.



Mundialmente se habla hoy del

Empoderamiento de las mujeres.



Es la mujer comenzando a soltar su poder, conociendo sus derechos, virtudes, capacidades y trabajar en función de ello.



Jesús les dijo: “El que esté sin pecado tire la primera piedra”, y todos se fueron.

(El que se dice perfecto seguramente tiene un agujero emocional y deberá corregirse o sincerarse delante del Señor o se irá.)



Jesús levanto la vista, miró a la mujer con un amor sin igual y le dijo: “Nadie te condena, ni yo lo hago, vete mujer y no peques más.”

“Vete, ni siquiera yo te ato í, es tu decisión, no peques más. No vuelvas a vivir enganchada al que te abandonó, no busques amor de esa manera, sos libre.”

Enamorate de Jesús.

Jamás te castigará, ni recordará el error ni pecado, vino a darte libertad porque estabas cautiva.



No te engañes pensando que serás feliz y libre si te casas con ese hombre, todo está en tu interior.

Hay cosas que te corresponden a vos.


No veas que lo mejor está en el otro: “aquella tiene mejor marido”, “mejor ministerio”, “mejor pastorado”, “más oportunidades”, porque todo lo que necesitas, Dios lo puso adentro tuyo.



Es tu tiempo para que ser libre.


Gálatas dice: “Estad pues firme en la libertad con que Cristo nos hizo libres y no estéis otra vez sujetos al yugo de la esclavitud.”

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